Vivas nos queremos

Por: Noelia Deguer

“Ni una menos” se transformó en el movimiento social de lucha más importante contra la violencia de género de nuestro país. Moviliza a todos los sectores: a grandes, a chicos y a ancianos. Es la insignia que reúne a mujeres y a hombres sin bandera política, sin diferencias de clase social.

El pasado miércoles, la sociedad argentina volvió a levantar su voz y esta vez el hecho desencadenante fue el brutal asesinato de Lucía Pérez en Mar del Plata. El reclamo de justicia nació en esa ciudad y se hizo escuchar en todo el país. La ciudad que comúnmente conocemos como “La Feliz” se convirtió en un mar de emociones donde miles de personas de luto, se congregaron en apoyo al trágico suceso, y acompañaron a los padres de Lucía y a su hermano con un extenso aplauso y gritos pidiendo justicia. La familia Pérez recibió el afecto y acompañamiento de toda la Argentina unida bajo la misma causa.

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Muchas son las sensaciones que pasan por el cuerpo al estar allí. Están quiénes lloran porque se sienten angustiados por la realidad, los que se reservan esas lágrimas pero por dentro la vorágine de sentimientos se transforma en algún dolor corporal, y quienes piden a gritos justicia.

Marchar por la vida

Sabemos que la unión hace la fuerza y vamos por eso. El momento de encuentro reúne lo más sensible del humano: su derecho a vivir y defender la vida. Carteles, pancartas, mensajes y el pedido de justicia nos hacen partícipes de una de las tantas movilizaciones más grandes de nuestra historia.

Las plazas principales de cada ciudad de nuestro querido país, se transforman en testigos inmediatos de historias, pensamientos, llantos, gritos y deseos profundos de cambio.

Ese pedido colectivo que reúne a la sociedad argentina no es más que un grito de lucha donde se busca hacer justicia por aquellas mujeres víctimas del maltrato machista. Y hoy somos todos y todas los que decimos Basta de Femicidios.

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Deseamos un mundo en donde ser mujer no implique tener miedo de caminar por la calle. Nos enseñaron que en la noche hay peligro, pero sabemos que en el día también. Nos acostumbraron a que debemos avisar con un llamado o mensaje que llegamos bien a tal o cual destino; cuando llegar sanas y salvas debería ser algo normal. Deseamos un mundo en el que se entienda que el acoso sexual callejero está lejos de ser un simple piropo. Que los actos verbales con comentarios ofensivos también son violencia. Deseamos un mundo en el que podamos elegir qué ropa usar y que nadie nos catalogue por ello. Queremos que la sociedad entienda que los hombres no son superiores que las mujeres, porque ese pensamiento retrógrado en nada ayuda a luchar contra esta violencia. Deseamos un lugar en donde se reconozca la igualdad de la mujer y el hombre.

Es necesario que pensemos y revaloricemos ese espacio que cada uno tiene dentro de esta sociedad. Que luchemos en nombre de todas aquellas mujeres que dedicaron su vida para lograr una sociedad más justa e igualitaria, que los derechos conquistados sean el cimiento para seguir concretando cada uno de nuestros deseos y que cada grito de justicia nos permita reflexionar críticamente qué lugar queremos en este mundo.

Para eso, es necesario dejar de lado la construcción discursiva social y patriarcal en la que se cosifica a la mujer y se la piensa como el “sexo débil”, porque la famosa debilidad que nos asignan no es más que una forma machista de pensarnos y de abusarnos. Es hora de transformarnos como individuos y al mismo tiempo lograr que esas acciones que deseamos concretar, se asienten en el interior de nuestros ámbitos cotidianos para que de una vez y para siempre podamos construir un mundo libre del temor y la miseria. Se necesita un cambio desde la base, un cambio cultural. Es necesario educar, capacitar y dejar de esconder.

Buscar la solución a la violencia machista es un reto que nos incluye a todos.

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