Si nos preguntamos por lo tradicional de la cultura Argentina, contemporáneamente hablando, podemos decir que el mundo reconoce ciertos símbolos, como el tango, el mate, el asado, personalidades como Maradona o el Che.
Pero para comprender a fondo la cultura de un país debe volverse a las raíces de sus tradiciones, de su folklore. Esta palabra, etimológicamente, viene de folk, que significa “gente, pueblo”, y de lore, que quiere decir “ciencia, saber”. Se trata entonces del saber del pueblo, basado en sus mitos y leyendas, en su historia, que determina sus costumbres y lenguaje propio.
La Argentina y el resto de países de Latinoamérica fueron colonizados por Europa, por lo que tienen doble raíz cultural: la europea y la proveniente de las tradiciones de los pueblos originarios que habitaban estas tierras. Pero así como “a la historia la escriben los que ganan”, las bases culturales están sujetas a lo determinado por quienes han escrito la historia.
La argentinidad, además de por símbolos patrios, está definida por la cultura. Y de esto bien puede dar cuenta el arte. Por lo que a través de las artes visuales, específicamente, puede mostrarse al mundo una imagen de la Argentina.
Si visitamos el Museo Nacional de Bellas Artes de la ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Recoleta, nos encontraremos con una serie de obras de pintores argentinos que, en el siglo XIX, procuraron mostrarle al mundo las costumbres del país. Tal es el caso de las pinturas de paisajes del campo de Prilidiano Pueyrredón.
Su obra “Un alto en el campo”, por ejemplo, fue pintada en 1861. En esa época, la economía argentina se sustentaba en el mercado agro-exportador, por lo que debía mostrarse la inmensidad de la pampa húmeda hacia el extranjero. Con ese objetivo el pintor eligió el formato panorámico o apaisado para sus paisajes.
El costumbrismo se centrará entonces en las tradiciones de la casa de campo, y aparecerá como figura representativa la imagen del gaucho. En la obra mencionada pueden verse objetos característicos, como la carreta o el tradicional ombú, debajo del cual se encuentra una paisana tomando mate. De esta forma, podemos conocer las tradiciones y personajes de la época, así como las vestimentas y los paisajes.
Otro cuadro típico de la vida rural de Pueyrredón es “El rodeo”, pintado el mismo año que la obra anterior. En este se muestra el orden rural, que hace posible la paz entre los ranchos y la vida tranquila que se aprecia en “Un alto en el campo”. En primer plano aparecen los tres personajes principales: el terrateniente, el capataz y el peón, y de fondo se ve la acción del rodeo. De forma general, vemos al gaucho al servicio de los terratenientes.
Podría decirse para concluir que el arte siempre tiene una intención política, una forma de mostrar “una realidad”. Pueyrredón, como otros pintores en aquel momento, quería preservar la imagen de la Argentina rural, ya que la modernización industrial y urbana se desarrollaba de forma muy rápida a fines del siglo XIX.
Actualmente, al ver estas pinturas podemos tomar contacto con lo que definió la identidad Argentina. En un mundo en el que la tecnología se apoderó de lo rural, si un terrateniente del siglo XXI quiere averiguar sobre la compra de tierras en el Litoral, por ejemplo, puede buscar en Google: “campos en venta en Entre Ríos”. Sin embargo, a la vez, muchas costumbres que tienen origen en la vida rural se mantienen: como el asado, el mate o jugar al truco.
“Un alto en el Campo” 1861. Oleo sobre tela. 75,5 x 166,5 cm.
“El rodeo” 1861. Óleo sobre tela. 76 x 166 cm.