Opinión
Recesión y Desempleo: ¿Se pueden revertir con producción en Hábitat y Vivienda?
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Por: Santiago Pérez. Mgr. Arq. Coordinador Nacional de Hábitat y Vivienda PJ Nacional – Frente de Todos
“Sólo podemos ver poco del futuro, pero lo suficiente para darnos cuenta de que hay mucho que hacer” (Alan Mathison Turing).
Parece mucho tiempo, pero pasaron aproximadamente seis meses desde que el FMI pronosticó 30,5% de inflación y 9,9% de desempleo para la Argentina en 2019. En abril el organismo publicó el Reporte Económico Mundial, donde analiza la economía global y señala puntos claves para Argentina. Dice textual: “En la Argentina, las proyecciones de crecimiento fueron revisadas al alza”. La única verdad es la realidad: la meta de inflación fue superada en solamente medio año y hay un franco aumento de desocupación, pobreza y recesión.
Ahora bien, a la hora de buscar soluciones, es claro que la producción de hábitat y vivienda podría generar un fuerte despegue, hoy necesario por la urgencia, pero también para el futuro mediato a través de la planificación.
Esto supone evitar focalizar la solución a la problemática del hábitat solamente en la vivienda, abordando también en el marco de obra pública dimensiones ligadas con el desarrollo de las áreas urbanas, como la expansión de las redes de infraestructura, pavimentos o pluviales, con el desarrollo de equipamientos tales como escuelas, edificios para la salud o centros deportivos, culturales y recreativos; y sin escindir la cuestión social en la formulación de las políticas de hábitat, particularmente mediante la incorporación del trabajo de micro y pequeños emprendedores, cooperativas, trabajadoras y trabajadores de la economía popular. De aquí se desprenden algunas hipótesis programáticas a tener en cuenta:
Las políticas de Estado que combinan estrategias que apuntan a buscar soluciones integrales a problemas habitacionales y de trabajo para la población más vulnerable – que constituye un tercio de los habitantes del país– serán de los principales motores de la economía productiva.
El Estado nacional, al igual que los estados provinciales y municipales con capacidad organizativa necesaria y adecuada para llevar adelante políticas que aborden la producción social del hábitat, serán la unidad mínima de acción para hacer realidad el proyecto.
El desarrollo de una política de Estado que integre los problemas de vivienda, trabajo, desarrollo social y tecnológico, acceso al suelo y al hábitat digno, y que incorpore a micro-emprendedores y a pequeños emprendimientos productivos, cooperativas y organizaciones de la economía popular, será más eficaz en las economías locales. Comprender el acceso a la vivienda y al hábitat digno como un derecho implica entender que las acciones estatales que buscan garantizarlos no pueden ser contempladas simplemente como una inversión a través de obras públicas, sino que deben ser parte del cuerpo de las políticas sociales, como son aquellas de la salud y la educación.
De este modo, las políticas de hábitat requieren que el Estado favorezca un desarrollo tecnológico, un marco legislativo y un financiamiento adecuados. Ante el escenario descrito, es necesario construir dos agendas: la agenda de lo urgente y la agenda de lo importante; la emergencia y la planificación. Lograr que ningún argentino o argentina estén en situación de calle y que ningún argentino o argentina estén sin techo es el desafío.
Para ello lo urgente es frenar inmediatamente la degradación socioeconómica, considerando la regionalización, la municipalización y la integración de la política habitacional con participación comunitaria que garantice la transparencia en el marco de la planificación como producto social; acuerdos sectoriales abiertos para el hábitat y la vivienda con participación ciudadana; obras y acciones prioritarias en los barrios populares; tarifas de servicios y transportes accesibles, pesificadas y revisadas integralmente; compromiso de reversión integral de la operatoria con los deudores hipotecarios UVA; reactivación de obras de viviendas e infraestructura existentes; promoción de créditos para ampliación y terminación apuntados fundamentalmente al fortalecimiento de economías regionales; puesta en función social de tierras y bienes del Estado; contención inmediata de la población en situación de calle; implementación, dentro del marco de la emergencia del hábitat, el alquiler protegido y servicios y subsidios especiales para población específica y adultos mayores. No son más que acciones que, según lo expresado, podrán detener fuertemente el deterioro.
Cómo hacer para revertir el proceso
Pero cómo revertir el proceso será parte de medidas estructurales y profundas, ya que decidir llevar adelante un modelo de hábitat es decidir un modelo de producción, de alimentación, de salud, de educación, de relaciones humanas que exceden el ámbito urbano. Los argentinos y las argentinas debemos proponernos producir un territorio nacional equitativo, socialmente incluyente, espacialmente integrado, ambientalmente sostenible, culturalmente respetado, democráticamente planificado y eficazmente gestionado. Claramente, es posible revertir la recesión y el desempleo con producción en hábitat y vivienda como uno de los mejores caminos para ese logro.
Así, deberán ser concebidos integralmente el tratamiento de espacios públicos y áreas verdes; compromisos con las modalidades gestión de servicios, como la producción y tratamiento de agua potable; recolección y manejo de residuos domiciliarios; alumbrado público; transporte; y soporte logístico –edificios, mobiliario, maquinaria, equipos– para acompañar la operación de estos temas que son de tratamiento municipal, pero requieren un acompañamiento de otras instancias del Estado.
Reformatear las políticas de transferencia
Esto también implica reformatear las políticas de transferencias de servicios al sector privado; recuperar la función social de la prestación de estos servicios; redefinir tarifas e incluir subsidios productivos y sociales; evitar la concentración en empresas monopólicas o que ejerzan posiciones dominantes; definir pautas de gestión, incorporando parámetros de modernización, inclusión y sostenibilidad ambiental; y habilitar la posibilidad de que algunos servicios puedan ser atendidos por los propios municipios o por empresas sociales, como cooperativas, mutuales, etcétera.
Supone también afinar en los convenios los mecanismos de auditoría y control, metas de modernización y ampliación de las redes y servicios, y mecanismos de control social que garanticen el acceso universal y la transparencia de las operaciones; producir arreglos institucionales para reorganizar la realización de estas obras y la prestación de estos servicios, fortaleciendo el papel de los gobiernos municipales y provinciales; incorporar nuevas formas de coordinación intersectorial y entre diferentes niveles de gobierno en torno a un número acotado de programas operativos; definir nuevas fuentes de financiamiento y modalidades operativas; abrir líneas de apoyo que faciliten la implementación de estos programas; garantizar el acompañamiento profesional y el desarrollo de programas de capacitación, tanto para el personal a cargo como para los sectores sociales que acompañen la implementación de estas funciones.
Apoyo y fortalecimiento de las organizaciones de la economía social
Una línea de propuestas adicional requiere la organización de un amplio programa de apoyo y fortalecimiento de las organizaciones de la economía social, que refiera tanto a la actividad de profesionales independientes, PyMES, cooperativas, mutuales o empresas sociales, solucionando sus problemas de consolidación más frecuentes: registro de oferentes; mecanismos licitatorios y procedimientos de adjudicación; formas solidarias y reaseguros destinados de garantizar la continuidad de las obras; dinámica de certificación y flujo de desembolsos; condiciones salariales y laborales de los trabajadores; existencia y administración de salario indirecto, cobertura, seguridad social y otros beneficios sociales; líneas de financiamiento para la adquisición de herramientas, maquinarias y equipos, incluyendo los necesarios para desarrollar tareas administrativas y contables.
Este programa será la llave para permitir que los sectores más desplazados por la política de los últimos años se integren a la actividad productiva, ganen un salario y tengan posibilidades de recomponer su situación familiar. Se apoya en la experiencia de las organizaciones sociales, empresas recuperadas y demás organizaciones solidarias que defendieron puestos de trabajo durante la crisis del 2001, y también frente a las dificultades del presente.
Estas acciones deben desarrollarse en el marco de un proceso de planeamiento federal que ponga en diálogo la mirada general con la local, concertando la afectación de recursos, definiendo metas, organizando la tarea, evaluando avances, promoviendo mecanismos de control social y garantizando que este sector dé cuenta de su eficacia, compromiso y transparencia. La elaboración de documentos de planeamiento contribuirá asimismo a mantener actualizada y accesible la información, contando con un marco normativo adecuado; acceder a nuevas fuentes de financiamiento; y facilitar mecanismos de articulación entre el interés público y el privado desde una perspectiva de inclusión, prosperidad y cuidado del medio.
Esperemos entre todos y todas poder sobrellevar este desafío. Pensar que es posible pasa a ser el primer paso de un millón de pasos. También es posible crear un círculo virtuoso de producción y empleo: en nuestra historia hubo distintos procesos de reversión y crecimiento. Casualmente, a esta multiplicación de la que hablan los economistas, nosotros le decimos peronismo.-
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¿En serio vamos a permitir que ahora sea el Diego, nuestro Diego, el que manipulado por inteligencia artificial, sea la imagen de un casino en este Mundial de fútbol? ¿Es de verdad o lo soñé? Porque si es de verdad, permítanme que hoy, al menos hoy, me gane el pesimismo ¿Está mal que diga que este mundo, así como está, es un asco?
Por Lic. Débora Blanca*
Sí, está mal, porque mientras escribo este texto estoy escuchando al Indio. Y me vienen las imágenes del amor, de los abrazos, las sonrisas, las lágrimas, los pogos que acompañaron la despedida más poética y bella de la que fui parte entre miles y miles de personas. No, este mundo no es un asco, al menos no todo.
No, bueno está bien, no voy a claudicar, no me va a ganar el pesimismo ni la tristeza, porque sería el triunfo de las pasiones tristes y, con ello, la pérdida de la capacidad de resistir y denunciar ¿Así que el Diego en dicha publicidad de este casino dice: «Acá se juega con pelotas»? ¡Mirá vos, che! ¿Dónde se juega con pelotas, en la cancha o en el casino?
Llevo cinco libros publicados sobre ludopatía y con muchísimos pacientes y familias padeciendo las consecuencias de las apuestas, de modo que me doy el permiso (perdón el atrevimiento) de denunciar el cinismo de esa publicidad. Pelotas se necesitan para jugar dentro de la cancha, no para apostar.
Para apostar no se necesitan pelotas
Pelotas se necesitan para enamorarse y sostener una historia de amor, no para apostar. Pelotas hay que tener para laburar y laburar, no para apostar. Para estudiar con una meta, para cuidar a los amigos, para tener hijos a pesar de las incomodidades. Para dudar, para sentir angustia, para seguir y seguir a pesar de tropezarse con la misma piedra.
Para todo eso se necesitan pelotas. Para apostar no. Juega con pelotas aquel que cuestiona, que cree en lo colectivo, que no permite quedar esclavizado por toda la gama de consumos de los últimos 50 años. Ese tiene pelotas. ¿Para apostar? ¡Naaaaa!, ahí no se necesitan pelotas.
Un gobierno con pelotas restringe publicidades, hace campañas, prohíbe (sí, nombré el verbo peligroso) las publicidades presentes las 24 horas, con deportistas de élite protagonizándolas. Pobre el Diego, que ni le preguntaron, y que sin dudar un minuto me animo a aseverar que hubiera rechazado formar parte de esa horrenda publicidad.
Porque el Diego, nuestro Diego, sabía que las pelotas se necesitan para jugar. No para apostar. Porque el Diego, nuestro Diego, no sólo gritó que la pelota no se mancha, sino que nos anda susurrando, a quienes supimos amarlo, que la pelota no se apuesta.
*Débora Blanca. Licenciada en psicología. Directora de Lazos en Juego. Ig deborablancalj. YouTube Débora Blanca
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Opinión
Lobos, cuna del General Perón y del futuro argentino
Published
11 meses atráson
8 octubre, 2025
Opinión: Luis Gotte
Cada 8 de octubre, la tierra bonaerense de Lobos vuelve a despertar con el eco de una fecha que no pertenece sólo al pasado, sino al porvenir de la Argentina: el nacimiento del Gral. Juan Domingo Perón. Allí, en ese rincón de la provincia de Buenos Ayres, no sólo nació un hombre, sino una forma de entender la Nación, el trabajo y la justicia.
Hoy, a 130 años de aquel acontecimiento, el pueblo trabajador argentino debe mirar hacia adelante con la misma claridad con que el Gral. Perón soñó su Comunidad Organizada. No alcanza con invocar su nombre ni repetir sus consignas: necesitamos un Justicialismo más racional y menos emocional, que no se agote en los recuerdos ni en las pasiones del enfrentamiento, sino que se exprese en la acción concreta de reconstruir el país desde abajo hacia arriba.
La política no puede seguir siendo un escenario de emociones desenfrenadas o discursos vacíos. La política -como enseñó Perón- es organización. Y organizar es pensar, planificar, ejecutar y producir. Por eso, la hora exige volver a poner en marcha los engranajes dormidos de nuestros municipios. Porque cada municipio -por más pequeño que sea- es una célula viva del cuerpo provincial, y si esas células se activan, se multiplica la energía que mueve a la Provincia, y con ella, a la gran rueda de la Patria.
El Gral. Perón nos enseñó que no hay Nación fuerte sin provincias fuertes, y que no hay provincias fuertes sin municipios organizados. Esa es la verdadera doctrina del desarrollo argentino: del pueblo hacia el Estado, del trabajo hacia la justicia, de la producción hacia la soberanía.
Hoy debemos hablar menos de lo que fuimos y más de lo que podemos ser. La producción y la innovación son nuestras nuevas batallas; la ciencia, la tecnología y la capacitación de nuestros trabajadores, nuestras nuevas trincheras. El desafío ya no es resistir: es crear. Crear trabajo, crear conocimiento, crear futuro.
Perón no soñó con una Argentina inmóvil ni nostálgica. Soñó con una Argentina justa, libre y soberana en constante movimiento. Y ese movimiento -que alguna vez fue revolución social- hoy debe ser revolución productiva, educativa y tecnológica.
El tiempo de los lamentos terminó. Es la hora de volver a creer en nosotros, en nuestra gente, en nuestros pueblos. De volver a mirar al vecino y decirle: “Vamos juntos, porque nadie se realiza solo”.
Lobos nos recuerda que el peronismo nació del alma de la provincia, no de los despachos ni de los laboratorios del poder. Nació del campo, del taller, de la Iglesia, del cuartel, del hombre común que soñó con una Patria para todos.
Hoy, en su cuna, levantemos esa bandera otra vez, con la serenidad de quien comprende y la fuerza de quien no se rinde. Porque el mejor homenaje que podemos hacerle a Perón no es repetir sus palabras, sino cumplir sus sueños de unidad y organización, de poner a la Argentina en marcha, desde cada municipio, hacia el destino de grandeza que nos espera.
Luis Gotte
La trinchera bonaerense
Desde la comunidad de Lobos
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Opinión
A 17 meses del gobierno de Milei: balance de una pesadilla democrática
Published
1 año atráson
9 mayo, 2025By
TP
Por: Pablo Micheli (Dirigente Gremial y Político)
Hace 17 meses que Javier Milei asumió la presidencia de la Nación, y para muchxs, este período se convirtió en uno de los más oscuros de la historia democrática argentina —con excepción de las dictaduras militares. La realidad social, política y económica que atravesamos remite más a un régimen autoritario que a una democracia plena: persecución a periodistas, represión a manifestantes, un discurso de odio sistemático y una crisis económica que castiga brutalmente a la mayoría del pueblo.
Milei no solo es responsable de esta debacle, sino que también ha intentado, a través de una maquinaria comunicacional basada en la mentira y el show, cooptar la subjetividad de amplios sectores, en especial de les jóvenes. Lo logró en parte durante las elecciones de 2023, pero su poder simbólico empieza a resquebrajarse. Y como sucede en todo proyecto autoritario, ante el derrumbe, agudiza la ofensiva: insulta, persigue, degrada el debate público y descalifica a quienes pensamos distinto.
Un ejemplo de ello fue su intento de imponer la ley de “Ficha Limpia” en alianza con Mauricio Macri, una maniobra que apuntaba a condicionar la participación política de líderes opositores como Cristina Fernández de Kirchner. Pero el tiro les salió por la culata: su propia situación judicial —como la causa por estafa vinculada al caso Libra que lo involucra a él y a su hermana— los hubiese alcanzado. La ley no avanzó, no solo por su potencial efecto boomerang, sino porque aún quedan legisladores y legisladoras con conciencia social que la frenaron, especialmente desde Unión por la Patria.
Frente a este escenario, ver a figuras como Silvia Lospennato declarar que «ganó la impunidad contra la democracia» no solo es un acto de cinismo, sino una ofensa a la memoria reciente. Durante el gobierno de Cambiemos (2015-2019), se ejecutaron algunos de los actos de corrupción más groseros que recuerde la historia reciente, solo superados —en escala y consecuencias— por el saqueo sistemático que ejecuta hoy La Libertad Avanza junto al PRO.
La deuda de 45.000 millones de dólares tomada por Macri con el FMI es un símbolo de esta estafa: no fue al servicio del pueblo, sino de sus amigos. Ningún argentino o argentina vio el beneficio de ese dinero, y sin embargo hoy lo pagamos con hambre, desempleo y destrucción del tejido social.
Uno de los ejemplos más indignantes del desprecio gubernamental hacia la ciudadanía es el reciente aumento del salario mínimo, vital y móvil: se anunció en cinco tramos, con un total que ni siquiera cubre dos kilos de carne. Un verdadero insulto. Lo mismo ocurre con las jubilaciones, donde además de otorgar aumentos insuficientes, se reprime violentamente a quienes protestan, incluso a sacerdotes y personas mayores.
Este no es el accionar de una democracia plena. Es autoritarismo. Es fascismo. Y la persecución a la prensa, las amenazas a periodistas y el uso grotesco de la imagen pública —como el meme en que Milei se presenta como “león” al saludar al nuevo Papa— refuerzan esa imagen de un gobierno que gobierna para una minoría y ridiculiza al país frente al mundo.
Sin embargo, en este escenario también se abre una posibilidad. Además de movilizarnos pacíficamente, de defender nuestros derechos en la calle, tenemos en el corto plazo una herramienta poderosa: el voto. Este año hay elecciones. Y aunque muchxs diputadxs y senadorxs hayan defraudado, es clave pensar estratégicamente: hay que quitarle poder a este gobierno para frenar la destrucción de la salud pública, la educación, la ciencia, las pymes y la industria nacional.
Una victoria de Leandro Santoro en la Ciudad de Buenos Aires este domingo sería un golpe político importante. Y, si finalmente Cristina Fernández de Kirchner se postula como diputada nacional en la provincia de Buenos Aires, podría encabezar un frente amplio que una a todas las fuerzas del campo popular. Sería una oportunidad histórica para construir una alternativa fuerte y democrática.
El plan económico actual es una tragedia para la mayoría. Solo beneficia a los grandes grupos concentrados, a los especuladores, a los que viven de la bicicleta financiera. No está diseñado para producir, ni para generar empleo, ni para mejorar la vida de las mayorías. El ministro de Economía se comporta como un buitre: va ahora por los ahorros de lxs ciudadanxs, esa reserva construida con esfuerzo para enfrentar una enfermedad o sostener la educación de un hijo o nietx. No hay proyecto de país en esta política. Solo hay rapiña.
Y cuando el presidente afirma que “los trabajadores explotan a los empresarios”, queda claro hasta qué punto se ha invertido el sentido común. Es tiempo de decir basta.
Es tiempo de salir a la calle pacíficamente, de ejercer el derecho constitucional a la protesta y de llenarle las urnas de votos en contra. Porque si este modelo se consolida, vendrán por más: más despidos, más fábricas cerradas, más ajuste, más pobreza. No les interesa el futuro de la Argentina, solo sus negocios.
Hay que frenarlos. Ahora.
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