La nueva concesionaria Corresur comenzó a operar los corredores que incluyen las rutas nacionales 3, 205 y 226. Su primer anuncio se limita a trabajos de mantenimiento y a la digitalización de los peajes, sin mencionar autopistas, autovías o ampliaciones de calzada en corredores con alta siniestralidad.
La empresa Corresur asumió este 1° de julio la concesión de uno de los principales corredores viales del país, integrado por las autopistas Riccheri, Ezeiza-Cañuelas y Jorge Newbery, además de las rutas nacionales 3, 205 y 226, que atraviesan buena parte de la provincia de Buenos Aires.
La compañía difundió un comunicado para presentar el inicio de la concesión, pero el contenido terminó confirmando una de las principales preocupaciones que venían planteando especialistas en infraestructura vial: las primeras inversiones estarán destinadas únicamente a tareas de conservación y mantenimiento, sin anuncios de obras estructurales que permitan mejorar la seguridad de rutas donde los choques frontales continúan cobrando vidas cada año.
Según informó Corresur, desde el primer día se pusieron en marcha nueve frentes de trabajo para ejecutar bacheo superficial y profundo, sellado de grietas, reparación de banquinas, reposición de cartelería, demarcación horizontal, limpieza de alcantarillas, semaforización y recambio de defensas metálicas.
Es decir, las obras anunciadas corresponden al mantenimiento básico que cualquier concesión debería garantizar, pero no incluyen la construcción de autopistas, autovías, terceros carriles, variantes o intervenciones que modifiquen la infraestructura actual de los corredores.
Más tecnología para cobrar peajes que para mejorar las rutas
Paradójicamente, el aspecto al que Corresur dedica mayor desarrollo en su presentación oficial no son las obras viales sino la modernización del sistema de cobro.
La empresa confirmó que desde el inicio de la concesión desaparece el pago en efectivo en las estaciones de peaje de Agüero, Tristán Suárez, Uribelarrea, Cañuelas e Hinojo. Los usuarios deberán utilizar TelePASE, tarjetas contactless, códigos QR o billeteras virtuales, mientras que quienes no cuenten con esos medios deberán regularizar el pago posteriormente a través de internet.
La decisión acelera la digitalización del sistema, pero también deja en evidencia cuál parece ser la prioridad de la nueva etapa: modernizar la recaudación antes que transformar la infraestructura vial.
Una privatización con más interrogantes que certezas
El Gobierno nacional presentó estas concesiones como el inicio de una nueva etapa para la red vial nacional. Sin embargo, el primer comunicado de la empresa no menciona inversiones de gran escala, pese a que las rutas concesionadas arrastran desde hace décadas reclamos por obras que nunca llegaron.
La Ruta Nacional 3 continúa esperando la extensión de la autovía hacia el sur bonaerense; la Ruta 226 mantiene numerosos tramos con alto riesgo de siniestros y la 205 también presenta sectores donde distintos municipios reclaman mejoras estructurales.
Nada de eso aparece entre las prioridades difundidas por Corresur.
Privatización de las rutas: «Volver a los ’90 pero peor»
Meses atrás, el coordinador del Comité Nacional de Defensa del Usuario Vial (CONADUV), Ricardo Lasca, había anticipado a Todo Provincial que el nuevo esquema de concesiones implicaba «volver a los ’90, pero peor».
Su principal advertencia apuntaba justamente a lo que ahora quedó plasmado en el primer anuncio de la concesionaria.
«Lo único previsto es corte de pasto, bacheo y mantenimiento. No hay autopistas, no hay autovías ni obras que reduzcan los accidentes frontales. Es maquillaje vial«, había señalado.
Lasca también cuestionó que el sistema avance hacia una expansión del cobro de peajes sin exigir inversiones equivalentes en infraestructura.
Mientras tanto, el Estado nacional continúa recaudando miles de millones de pesos a través del Impuesto a los Combustibles, creado originalmente para financiar obras viales.
Con este escenario, la nueva privatización comienza con una certeza: habrá mantenimiento, habrá peajes más modernos y completamente electrónicos, pero las grandes obras que desde hace años reclaman los usuarios de las rutas nacionales siguen sin aparecer.