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Por qué Berisso es desde hace 77 años el «kilómetro cero» del peronismo

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kilómetro cero del peronismo

(Por Juliana Ricaldoni).- La ciudad bonaerense de Berisso se conoce como el «kilómetro cero del peronismo» desde el 17 de octubre de 1945, cuando más de 15 mil trabajadores partieron a pie, en camiones y colectivos desde las calles Nueva York y Marsella hacia la Plaza Mayo para exigir la liberación de Juan Domingo Perón, quien se encontraba detenido en la Isla Martín García.

El profesor de Filosofía y de Historia del Pensamiento Argentino de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), escritor y militante político Héctor «Chari» Ghidini recordó ante Télam que «la mayoría de la población de Berisso de la época vivía de la industria».

Durante los años 30 y 40, los frigoríficos ubicados en esa región del sur del conurbano tuvieron un crecimiento exponencial y, en aquella época, las empresas Armour y Swift empleaban en tres turnos a unos 18 mil obreros por día.

«Esos hombres y mujeres comenzaron a tomar conciencia y a lograr reparaciones históricas en el ámbito social y laboral. Cuando detuvieron a Perón, la noticia corrió de boca en boca entre los dirigentes sindicales y los mismos trabajadores, que prontamente iniciaron el reclamo por su libertad», rememoró.

Es que Perón, desde los cargos de vicepresidente de la Nación, secretario de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión del Gobierno de facto de Edelmiro Farrell, había elaborado una vasta legislación para otorgar derechos a las clases trabajadoras que hasta entonces les habían sido negados.

Entre otras medidas, creó los tribunales de trabajo; otorgó aumentos de salariales; elaboró estatutos que fijaron las condiciones laborales, leyes de protección, jubilaciones y vacaciones anuales pagas. Pero el 13 de octubre de 1945, en el marco de una creciente presión de sus opositores civiles y militares, fue obligado a renunciar a todos los cargos y fue arrestado.

Ghidini contó que a pesar de que la CGT convocó el 16 de octubre a una huelga general para el 18, «el 17, espontáneamente, surgieron en la ciudad protestas en los propios lugares de trabajo bajo la firme convicción de que no se podían perder los beneficios laborales que Perón había otorgado».

En ese momento, en la calle Nueva York de Berisso comenzaron a congregarse los trabajadores de los frigoríficos con sus delantales blancos. Luego se sumaron los portuarios, los estibadores, los empleados y empleadas de las hilanderías, los talleres y los comercios, así como los obreros de la destilería de YPF enfundados en sus mamelucos.

«Llegaban cantando y vociferando, unidos en la impetración de un solo nombre: Perón», indicó el historiador y apuntó que «la gente comenzó a movilizarse en las calles pidiendo por su liberación».

«Hubo sindicalistas muy jugados con esa causa nacional como el jefe del Partido Laborista, Cipriano Reyes, o la delegada del Swift, María Bernabitti de Roldán, ambos de Berisso», destacó Ghidini, y precisó que «iban recorriendo las fábricas incitando a los trabajadores a abandonar el trabajo para marchar coreando consignas en favor de Perón».

La politóloga y docente de la UBA Soledad Palomino puso de relieve ante esta agencia «el rol de la mujeres en el 17 de octubre» ya que miles de ellas «salieron a la calle pidiendo por la libertad de Perón».

Graficó que «muchas formaban parte de organizaciones sindicales, María Bernabitti de Roldán fue una de ellas», y apuntó que «como delegada y miembro de la comisión directiva del Sindicato de la Carne en Berisso, María formó parte de quienes organizaron la movilización que fue desde los frigoríficos de Berisso hasta la Plaza de San Martín en La Plata y desde allí hasta la Plaza de Mayo».

«Ella había hablado con obreros y obreras de los frigoríficos sobre la importancia de lograr la libertad de Juan Domingo Perón. Ella fue a buscarlos y buscarlas a las puertas de fábricas para marchar a Buenos Aires y, de esa forma, garantizar que quien había escuchado las luchas y las necesidades de los trabajadores y trabajadoras y las había convertido en realidades pudiera ser elegido como presidente del país», señaló.

En esa línea, la física y presidenta de la asociación sin fines de lucro Amigos de la Calle Nueva York, Alicia Zubiaga, narró a Télam que tanto sus abuelos eslovenos como sus padres, que trabajaban en el frigorífico Swift y vivían en conventillos, participaron de la movilización.

«Hasta la aparición de Perón y Evita ocurrían barbaridades: había mucha explotación y los humildes no contaban con derechos, eran maltratados y humillados. Trabajaban en condiciones inhumanas en las cámaras frías y en las chancherías», subrayó.

Manifestó que Perón y Eva «fueron la salvación para quienes no contaban con derechos. Éramos los de abajo y ellos empezaron a tratarnos como personas, como iguales, no como basura», dijo y enfatizó que en su casa «todos eran peronistas y eran capaces de cualquier cosa por él».

«El 17 de octubre, toda esa gente trabajadora empezó a congregarse en la entrada del Swift, que es en la plazoleta donde ahora está emplazado el monolito que dice ‘Km 0 del peronismo’, temiendo que mataran a su líder'», afirmó Alicia.

También fue protagonista de aquella jornada histórica Juan Constantino Clidas, descendiente de inmigrantes griegos, trabajador de la carne de Berisso y entusiasta miembro de la murga «Los Martilleros», a quien se atribuye el haber sido el primero en tocar el bombo peronista.

«Mi papá tenía 20 años y era despostador. Hasta la llegada de Perón, era muy difícil su trabajo: cargaban las medias reses al hombro, sufrían el frío y eran maltratados por los jefes ingleses. Si por error cortaban un pedacito del cuero, sus patrones se lo descontaban del sueldo y, si se quejaban por ello, los echaban», contó a Télam su hijo Juan Carlos.

Así fue cómo al enterarse de que Perón estaba preso, Clidas, sus compañeros de comparsa y otros trabajadores del frigorífico Swift comenzaron a convocar desde las calles Trieste y Génova a la gente a agruparse para marchar hacia la capital provincial.

«Para ellos Perón era intocable. Se fueron en camiones, en tranvía, en carros y a pie hasta La Plata», rememoró.

La columna berissense, ya unificada con la proveniente de Ensenada, avanzó hasta La Plata e hizo una primera escala en la zona de Plaza San Martín, frente a la Legislatura y la Casa de Gobierno.

Al cabo de unas horas, el lugar se colmó de gente nucleada en el grito de «Sin galera y sin bastón, los muchachos de Perón».

Hubo varios discursos en los que se arengó a los presentes a movilizar a la ciudad de Buenos Aires para defender a Perón.

En el camino, se fueron plegando columnas de otras regiones industriales del Gran Buenos Aires y de distintos barrios porteños.

Ante el multitudinario reclamo popular, los militares liberaron a Perón, quien brindó un discurso desde el balcón de la Casa Rosada y, un año después, fue elegido presidente de la Nación.

El profesor Ghidini reflexionó que «resultó una manifestación absolutamente pacífica. Fue un antes y un después. Se presentó el peronismo como reivindicación social y laboral, desde una representación auténticamente nacional».

«Los hombres del trabajo sintieron que había una conciencia histórica insoslayable y pasaron de ser masa laboral a constituirse en verdaderos sujetos sociohistóricos, con reivindicaciones, reparaciones y orgullosos de lo que eran. Esa fue la revolución peronista», finalizó.

Aquel 17 de octubre se produjo la jornada político-social más significativa del siglo XX en la Argentina, que transformó la historia del país y convirtió a Berisso en un símbolo ineludible de lo que hoy se conoce como el Día de la Lealtad.

marcha 17 de octubre berisso

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La pelota no se mancha, ni se apuesta

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¿En serio vamos a permitir que ahora sea el Diego, nuestro Diego, el que manipulado por inteligencia artificial, sea la imagen de un casino en este Mundial de fútbol? ¿Es de verdad o lo soñé? Porque si es de verdad, permítanme que hoy, al menos hoy, me gane el pesimismo ¿Está mal que diga que este mundo, así como está, es un asco?

Por Lic. Débora Blanca*

Sí, está mal, porque mientras escribo este texto estoy escuchando al Indio. Y me vienen las imágenes del amor, de los abrazos, las sonrisas, las lágrimas, los pogos que acompañaron la despedida más poética y bella de la que fui parte entre miles y miles de personas. No, este mundo no es un asco, al menos no todo.

No, bueno está bien, no voy a claudicar, no me va a ganar el pesimismo ni la tristeza, porque sería el triunfo de las pasiones tristes y, con ello, la pérdida de la capacidad de resistir y denunciar ¿Así que el Diego en dicha publicidad de este casino dice: «Acá se juega con pelotas»? ¡Mirá vos, che! ¿Dónde se juega con pelotas, en la cancha o en el casino?

Llevo cinco libros publicados sobre ludopatía y con muchísimos pacientes y familias padeciendo las consecuencias de las apuestas, de modo que me doy el permiso (perdón el atrevimiento) de denunciar el cinismo de esa publicidad. Pelotas se necesitan para jugar dentro de la cancha, no para apostar.

Para apostar no se necesitan pelotas

Pelotas se necesitan para enamorarse y sostener una historia de amor, no para apostar. Pelotas hay que tener para laburar y laburar, no para apostar. Para estudiar con una meta, para cuidar a los amigos, para tener hijos a pesar de las incomodidades. Para dudar, para sentir angustia, para seguir y seguir a pesar de tropezarse con la misma piedra.

Para todo eso se necesitan pelotas. Para apostar no. Juega con pelotas aquel que cuestiona, que cree en lo colectivo, que no permite quedar esclavizado por toda la gama de consumos de los últimos 50 años. Ese tiene pelotas. ¿Para apostar? ¡Naaaaa!, ahí no se necesitan pelotas.

Un gobierno con pelotas restringe publicidades, hace campañas, prohíbe (sí, nombré el verbo peligroso) las publicidades presentes las 24 horas, con deportistas de élite protagonizándolas. Pobre el Diego, que ni le preguntaron, y que sin dudar un minuto me animo a aseverar que hubiera rechazado formar parte de esa horrenda publicidad.

Porque el Diego, nuestro Diego, sabía que las pelotas se necesitan para jugar. No para apostar. Porque el Diego, nuestro Diego, no sólo gritó que la pelota no se mancha, sino que nos anda susurrando, a quienes supimos amarlo, que la pelota no se apuesta.

*Débora Blanca. Licenciada en psicología. Directora de Lazos en Juego. Ig deborablancalj. YouTube Débora Blanca

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Lobos, cuna del General Perón y del futuro argentino

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Lobos Perón

Opinión: Luis Gotte

Cada 8 de octubre, la tierra bonaerense de Lobos vuelve a despertar con el eco de una fecha que no pertenece sólo al pasado, sino al porvenir de la Argentina: el nacimiento del Gral. Juan Domingo Perón. Allí, en ese rincón de la provincia de Buenos Ayres, no sólo nació un hombre, sino una forma de entender la Nación, el trabajo y la justicia.

Hoy, a 130 años de aquel acontecimiento, el pueblo trabajador argentino debe mirar hacia adelante con la misma claridad con que el Gral. Perón soñó su Comunidad Organizada. No alcanza con invocar su nombre ni repetir sus consignas: necesitamos un Justicialismo más racional y menos emocional, que no se agote en los recuerdos ni en las pasiones del enfrentamiento, sino que se exprese en la acción concreta de reconstruir el país desde abajo hacia arriba.

La política no puede seguir siendo un escenario de emociones desenfrenadas o discursos vacíos. La política -como enseñó Perón- es organización. Y organizar es pensar, planificar, ejecutar y producir. Por eso, la hora exige volver a poner en marcha los engranajes dormidos de nuestros municipios. Porque cada municipio -por más pequeño que sea- es una célula viva del cuerpo provincial, y si esas células se activan, se multiplica la energía que mueve a la Provincia, y con ella, a la gran rueda de la Patria.

El Gral. Perón nos enseñó que no hay Nación fuerte sin provincias fuertes, y que no hay provincias fuertes sin municipios organizados. Esa es la verdadera doctrina del desarrollo argentino: del pueblo hacia el Estado, del trabajo hacia la justicia, de la producción hacia la soberanía.

Hoy debemos hablar menos de lo que fuimos y más de lo que podemos ser. La producción y la innovación son nuestras nuevas batallas; la ciencia, la tecnología y la capacitación de nuestros trabajadores, nuestras nuevas trincheras. El desafío ya no es resistir: es crear. Crear trabajo, crear conocimiento, crear futuro.

Perón no soñó con una Argentina inmóvil ni nostálgica. Soñó con una Argentina justa, libre y soberana en constante movimiento. Y ese movimiento -que alguna vez fue revolución social- hoy debe ser revolución productiva, educativa y tecnológica.

El tiempo de los lamentos terminó. Es la hora de volver a creer en nosotros, en nuestra gente, en nuestros pueblos. De volver a mirar al vecino y decirle: “Vamos juntos, porque nadie se realiza solo”.

Lobos nos recuerda que el peronismo nació del alma de la provincia, no de los despachos ni de los laboratorios del poder. Nació del campo, del taller, de la Iglesia, del cuartel, del hombre común que soñó con una Patria para todos.

Hoy, en su cuna, levantemos esa bandera otra vez, con la serenidad de quien comprende y la fuerza de quien no se rinde. Porque el mejor homenaje que podemos hacerle a Perón no es repetir sus palabras, sino cumplir sus sueños de unidad y organización, de poner a la Argentina en marcha, desde cada municipio, hacia el destino de grandeza que nos espera.

Luis Gotte

La trinchera bonaerense

Desde la comunidad de Lobos

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A 17 meses del gobierno de Milei: balance de una pesadilla democrática

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Por: Pablo Micheli (Dirigente Gremial y Político)

Hace 17 meses que Javier Milei asumió la presidencia de la Nación, y para muchxs, este período se convirtió en uno de los más oscuros de la historia democrática argentina —con excepción de las dictaduras militares. La realidad social, política y económica que atravesamos remite más a un régimen autoritario que a una democracia plena: persecución a periodistas, represión a manifestantes, un discurso de odio sistemático y una crisis económica que castiga brutalmente a la mayoría del pueblo.

Milei no solo es responsable de esta debacle, sino que también ha intentado, a través de una maquinaria comunicacional basada en la mentira y el show, cooptar la subjetividad de amplios sectores, en especial de les jóvenes. Lo logró en parte durante las elecciones de 2023, pero su poder simbólico empieza a resquebrajarse. Y como sucede en todo proyecto autoritario, ante el derrumbe, agudiza la ofensiva: insulta, persigue, degrada el debate público y descalifica a quienes pensamos distinto.

Un ejemplo de ello fue su intento de imponer la ley de “Ficha Limpia” en alianza con Mauricio Macri, una maniobra que apuntaba a condicionar la participación política de líderes opositores como Cristina Fernández de Kirchner. Pero el tiro les salió por la culata: su propia situación judicial —como la causa por estafa vinculada al caso Libra que lo involucra a él y a su hermana— los hubiese alcanzado. La ley no avanzó, no solo por su potencial efecto boomerang, sino porque aún quedan legisladores y legisladoras con conciencia social que la frenaron, especialmente desde Unión por la Patria.

Frente a este escenario, ver a figuras como Silvia Lospennato declarar que «ganó la impunidad contra la democracia» no solo es un acto de cinismo, sino una ofensa a la memoria reciente. Durante el gobierno de Cambiemos (2015-2019), se ejecutaron algunos de los actos de corrupción más groseros que recuerde la historia reciente, solo superados —en escala y consecuencias— por el saqueo sistemático que ejecuta hoy La Libertad Avanza junto al PRO.

La deuda de 45.000 millones de dólares tomada por Macri con el FMI es un símbolo de esta estafa: no fue al servicio del pueblo, sino de sus amigos. Ningún argentino o argentina vio el beneficio de ese dinero, y sin embargo hoy lo pagamos con hambre, desempleo y destrucción del tejido social.

Uno de los ejemplos más indignantes del desprecio gubernamental hacia la ciudadanía es el reciente aumento del salario mínimo, vital y móvil: se anunció en cinco tramos, con un total que ni siquiera cubre dos kilos de carne. Un verdadero insulto. Lo mismo ocurre con las jubilaciones, donde además de otorgar aumentos insuficientes, se reprime violentamente a quienes protestan, incluso a sacerdotes y personas mayores.

Este no es el accionar de una democracia plena. Es autoritarismo. Es fascismo. Y la persecución a la prensa, las amenazas a periodistas y el uso grotesco de la imagen pública —como el meme en que Milei se presenta como “león” al saludar al nuevo Papa— refuerzan esa imagen de un gobierno que gobierna para una minoría y ridiculiza al país frente al mundo.

Sin embargo, en este escenario también se abre una posibilidad. Además de movilizarnos pacíficamente, de defender nuestros derechos en la calle, tenemos en el corto plazo una herramienta poderosa: el voto. Este año hay elecciones. Y aunque muchxs diputadxs y senadorxs hayan defraudado, es clave pensar estratégicamente: hay que quitarle poder a este gobierno para frenar la destrucción de la salud pública, la educación, la ciencia, las pymes y la industria nacional.

Una victoria de Leandro Santoro en la Ciudad de Buenos Aires este domingo sería un golpe político importante. Y, si finalmente Cristina Fernández de Kirchner se postula como diputada nacional en la provincia de Buenos Aires, podría encabezar un frente amplio que una a todas las fuerzas del campo popular. Sería una oportunidad histórica para construir una alternativa fuerte y democrática.

El plan económico actual es una tragedia para la mayoría. Solo beneficia a los grandes grupos concentrados, a los especuladores, a los que viven de la bicicleta financiera. No está diseñado para producir, ni para generar empleo, ni para mejorar la vida de las mayorías. El ministro de Economía se comporta como un buitre: va ahora por los ahorros de lxs ciudadanxs, esa reserva construida con esfuerzo para enfrentar una enfermedad o sostener la educación de un hijo o nietx. No hay proyecto de país en esta política. Solo hay rapiña.

Y cuando el presidente afirma que “los trabajadores explotan a los empresarios”, queda claro hasta qué punto se ha invertido el sentido común. Es tiempo de decir basta.

Es tiempo de salir a la calle pacíficamente, de ejercer el derecho constitucional a la protesta y de llenarle las urnas de votos en contra. Porque si este modelo se consolida, vendrán por más: más despidos, más fábricas cerradas, más ajuste, más pobreza. No les interesa el futuro de la Argentina, solo sus negocios.

Hay que frenarlos. Ahora.

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