El jabalí europeo se convirtió en una de las especies invasoras más problemáticas de Argentina. Sin depredadores naturales y con una expansión sostenida durante las últimas décadas, provoca daños millonarios al sector agropecuario, transmite enfermedades y representa un riesgo para las personas. Especialistas advierten que la falta de una estrategia coordinada entre Nación y provincias favorece su avance.
Según explicó Francisco Pescio, docente de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), el impacto económico de esta especie alcanza los USD 1.600 millones anuales, principalmente por los daños que ocasiona en cultivos, alambrados e instalaciones rurales.
“El jabalí fue introducido en Argentina a principios del siglo XX para la caza deportiva. Al no tener depredadores naturales, su población creció de manera acelerada y hoy figura entre las quince especies más invasoras del planeta”, explicó el especialista.
El jabalí ya es una plaga en varias provincias
El avance de esta especie obligó a distintas jurisdicciones a tomar medidas. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, fue habilitada la “caza plaguicida” para intentar controlar su crecimiento.
Además del perjuicio económico, Pescio alertó sobre el peligro que representan estos animales.
“Los ejemplares adultos pueden superar los 200 kilos, se desplazan en grandes manadas y pueden ser agresivos. No me los querría cruzar ni enfrentar”, afirmó.
El especialista recordó que en 2025 un jabalí provocó la muerte de un puestero en Mendoza y señaló que recientemente se registraron ejemplares merodeando por Ingeniero Maschwitz, lo que generó preocupación por su llegada a zonas periurbanas.
También transmiten enfermedades
Otro de los problemas es el sanitario. Los jabalíes pueden transmitir enfermedades como triquinosis, hepatitis y peste porcina a los cerdos domésticos, afectando especialmente a pequeños y medianos productores.
Además, Pescio advirtió sobre el consumo de carne proveniente de la caza clandestina.
“Como no existe una producción formal, el consumidor no tiene forma de saber qué está comiendo ni qué riesgos corre. Muchos chacinados y conservas llegan a ferias o restaurantes sin controles sanitarios ni análisis de triquinosis”, sostuvo.
En ese sentido, consideró imprescindible habilitar frigoríficos públicos o mixtos para formalizar la faena, garantizar controles sanitarios y generar incentivos para el control de la especie.
El caso exitoso de El Palmar
Como ejemplo de manejo exitoso, el docente mencionó el programa implementado en el Parque Nacional El Palmar, en Entre Ríos, donde la invasión amenazaba la regeneración de las palmeras yatay.
El plan permitió que pobladores locales realizaran la caza bajo autorización y controles sanitarios, destinando parte de la carne a comedores comunitarios. Según destacó, la iniciativa logró reducir la población de jabalíes y generar beneficios para la comunidad.
Reclaman una estrategia federal
Para Pescio, el principal problema es la falta de coordinación entre las distintas jurisdicciones.
“Las manadas no reconocen límites provinciales. Si una provincia controla la población y la vecina no, los animales vuelven a expandirse. Hace falta una decisión política y un plan federal”, remarcó.
El especialista también pidió fortalecer el trabajo de instituciones científicas como el INTA, el CONICET y las universidades nacionales para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
“La realidad es que hoy no estamos en el mejor momento institucional para enfrentar este problema. Si nada cambia, vamos hacia un crecimiento explosivo del jabalí”, concluyó.