Nacional
CFK publicó una picante carta en la que habló de Néstor, Alberto, el dólar y el antiperonismo
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La ex presidenta Cristina Fernandez de Kirchner publicó un texto en su web oficial con el título «27 de octubre. A diez años sin él y a uno del triunfo electoral: sentimientos y certezas». En la carta, la vicepresidenta hace una interpretación del actual momento del país en base a la experiencia de los 12 años de kirchnerismo. El texto completo:
Como todos y todas saben, no concurro a actividades públicas u homenajes que tengan que ver con aquel 27 de octubre. Tal vez sea un mecanismo inconsciente de no aceptación ante lo irreversible. No sé… Ya saben que la psicología no es mi fuerte. Pero además resulta que mañana también se cumple un año del triunfo electoral del Frente de Todos. ¿Qué increíble, no? Que la elección presidencial en la que volvimos a ganar haya coincidido justo con el 27 de octubre. Licencias que se toma la historia.
Cuando Néstor asumió la presidencia en el 2003, el país había sufrido, dos años antes, una crisis sin precedentes hasta ese momento. Todavía recuerdo aquella magnífica entrevista que Torcuato Di Tella le hiciera y que se publicó como libro bajo el título “Después del derrumbe”. Perfecta metáfora. El 10 de diciembre de 2019 a la Argentina otra vez la habían derrumbado, pero nadie esperaba, ni siquiera podía imaginar, lo que iba a venir apenas unos meses después.
El freno a la economía y la incertidumbre generalizada sobre que va a pasar con nuestra vida son agobiantes. No esta explicado en ningún libro ni hay teoría que lo resuelva. No hay soluciones. Es permanente ensayo y error. O mejor dicho: brote, contagio y volver otra vez para atrás. Aquí y en todas partes. Así y todo el tiempo. Sin embargo, aún en este marco de incertidumbre por la pandemia global y a casi un año de gobierno, sí podemos llegar a algunas certezas, al menos en el campo de la política.
PRIMERA CERTEZA
Durante mucho tiempo se sostuvo que uno de los problemas centrales durante mis dos mandatos como presidenta eran las formas: “no escucha”, “es confrontativa”, “no dialoga”, “no habla con los periodistas, “no responde preguntas”. Aún recuerdo un programa de televisión que armó un “coro de periodistas” que gritaban “queremos preguntar”. Por supuesto, nunca creí que ese fuera el problema. Como dice Máximo y conté en Sinceramente: “¿Y vos que creías? ¿Qué lo de las AFJP, las retenciones, YPF, paritarias libres y juicios de lesa humanidad eran gratis?”.
Sin embargo, no pocos dirigentes en el peronismo pensaban que efectivamente el problema eran las formas y no el fondo. Es más, muchos también le agregaban las cadenas nacionales y las características de mi retórica (por decirlo de un modo elegante). Y la verdad es que ese fue también uno de los motivos que culminó en mi decisión del 18 de mayo de 2019. Es que en política no solamente es lo que uno cree, sino lo que ve e interpreta el conjunto. Y resultaba esencial la construcción de un gran frente político y social que permitiera ganar las elecciones presidenciales con la convicción de que un nuevo mandato del macrismo arrasaría definitivamente con la posibilidad de un modelo de desarrollo argentino con inclusión social y razonable autonomía.
El 10 de diciembre de 2019 asumió como presidente de todos los argentinos y todas las argentinas Alberto Fernández. Fue Jefe de Gabinete durante toda la gestión de Néstor y durante los primeros meses de mi primer mandato. Luego la historia es conocida por todos y todas: se fue del gobierno y se convirtió en un duro crítico de mi gestión. Justo es decirlo, no fue el único. Sin embargo, la experiencia macrista en el gobierno y la relación de fuerzas que surgió en el peronismo luego de las elecciones parlamentarias del 2017, nos impuso la responsabilidad histórica, a quienes expresábamos la voluntad popular, de generar las condiciones para que el 10 de diciembre de 2019 alumbrara un nuevo Gobierno.
Sus características personales y su experiencia política al lado de Néstor, signadas por el diálogo con distintos sectores, por la búsqueda de consensos, por su íntimo y auténtico compromiso con el Estado de Derecho -tan vulnerado durante el macrismo-, su contacto permanente con los medios de comunicación cualquiera fuera la orientación de los mismos y finalmente su articulación con todos y cada uno de los sectores del peronismo que, dividido, nos había llevado a la derrota electoral; determinaron que junto a mí, como vicepresidenta, encabezara la fórmula del Frente de Todos que triunfó en las elecciones del 27 de Octubre, hace exactamente un año.
Así, en diciembre del año pasado asumimos después de cuatro años de gobierno de Mauricio Macri y nos encontramos otra vez con un nuevo derrumbe. Cuatro años en los que se volvió a endeudar al país a límites insostenibles, con el retorno del FMI a la Argentina que le sumó a la deuda de los privados 44 mil millones de dólares más. Cuatro años de tarifazos impagables en los servicios públicos, cierre masivo de PyMES, pérdida del salario y jubilaciones, etc, etc, etc. Todo ello resultado de aplicar las políticas públicas que los factores de poder económico y mediático reclamaron durante los 12 años y medio de nuestros gobiernos y que se comprobó, luego de Macri, sólo conducen al desastre generalizado. Pero lo peor estaba por venir: en los primeros meses del 2020 devino un hecho inédito, impensado e inimaginable. Ni siquiera fue un cisne negro, sino una pandemia incontrolable que no tendrá cauce -como lo comprobamos a diario en todo el planeta- hasta el surgimiento de una vacuna o de un tratamiento.
En este marco de derrumbe macrista más pandemia, quienes idearon, impulsaron y apoyaron aquellas políticas, hoy maltratan a un Presidente que, más allá de funcionarios o funcionarias que no funcionan y más allá de aciertos o desaciertos, no tiene ninguno de los “defectos” que me atribuían y que según no pocos, eran los problemas centrales de mi gestión. El punto cúlmine de ese maltrato permanente y sistemático, se produjo hace pocos días en un famoso encuentro empresario autodenominado como lugar de ideas, en el que mientras el Presidente de la Nación hacía uso de la palabra, los empresarios concurrentes lo agredían en simultáneo y le reprochaban, entre otras cosas, lo mucho que hablaba.
Primera certeza: Castigan al Presidente como si tuviera las mismas formas que tanto me criticaron durante años. A esta altura ya resulta inocultable que, en realidad, el problema nunca fueron las formas. En realidad, lo que no aceptan es que el peronismo volvió al gobierno y que la apuesta política y mediática de un gobierno de empresarios con Mauricio Macri a la cabeza, fracasó. Es notable, sobre todo en el empresariado argentino, el prejuicio antiperonista. Notable y además inentendible si uno mira los resultados de los balances de esas empresas durante la gestión de los gobiernos peronistas o kirchneristas -como más les guste-. Este prejuicio no encuentra explicación ni desde la política, ni desde la economía, y a esta altura me permito decir que ni siquiera desde la psicología… aunque ya les advertí que de eso no sé. Pero no quedan dudas que esta actitud incomprensible ha sido y es una de las dificultades más grandes para encauzar definitivamente a la Argentina.
SEGUNDA CERTEZA
Como se han quedado sin la excusa de las formas, tuvieron que pasar a un segundo guión: “Alberto no gobierna”, “la que decide todo es Cristina”, “rencorosa” y “vengativa”, que sólo quiere solucionar sus “problemas judiciales”.
Debo reconocer que son poco creativos. El relato del “Presidente títere” lo utilizaron con Néstor respecto de Duhalde, conmigo respecto de Néstor y, ahora, con Alberto respecto de mí. Después de haber desempeñado la primera magistratura durante 2 períodos consecutivos y de haber acompañado a Néstor durante los 4 años y medio de su presidencia, si algo tengo claro es que el sistema de decisión en el Poder Ejecutivo hace imposible que no sea el Presidente el que tome las decisiones de gobierno. Es el que saca, pone o mantiene funcionarios. Es el que fija las políticas públicas. Podrá gustarte o no quien esté en la Casa Rosada. Puede ser Menem, De La Rúa, Duhalde o Kirchner. Pero no es fácticamente posible que prime la opinión de cualquier otra persona que no sea la del Presidente a la hora de las decisiones.
En cuanto a lo de “rencorosa” y “vengativa”. A nosotros nunca nos movió el rencor ni la venganza. Al contrario, la responsabilidad histórica y el deber político para con el pueblo y la Patria guiaron todas y cada una de nuestras decisiones y acciones. No hay demostración más cabal de ello que haber decidido con el volúmen de nuestra representación popular, resignar la primera magistratura para construir un frente político con quienes no sólo criticaron duramente nuestros años de gestión sino que hasta prometieron cárcel a los kirchneristas en actos públicos o escribieron y publicaron libros en mi contra. Deberán esforzarse mucho para encontrar en la historia argentina ejemplos similares.
Por último, eso de que “sólo quiere solucionar sus problemas judiciales” (SIC), a esta altura ya resulta inaceptable. Lo único que queremos es el correcto funcionamiento de las instituciones y que se garantice la aplicación de la Constitución Nacional y la ley a todos y todas por igual, sin doble vara ni privilegios. Resulta insoslayable señalar que utilizan el eufemismo “problemas judiciales” para ocultar lo que hicieron en Argentina y en la región con el Estado de Derecho: se lo llevaron puesto para proscribir a los líderes populares. Con la articulación de sectores del Poder Judicial, los medios de comunicación hegemónicos y distintas agencias del Estado, durante el gobierno macrista se perpetró una persecución sin precedentes contra mi persona, mi familia y contra muchos dirigentes de nuestro espacio político. De ello hoy dan cuenta las escandalosas revelaciones y el hallazgo de pruebas a la luz del día, acerca de las conductas de periodistas, fiscales, jueces, agentes de inteligencia, dirigentes políticos y hasta del mismisimo Presidente Macri involucrado personalmente en los mecanismos de espionaje, extorsión y persecución.
Sin ir más lejos, miren Bolivia. Nada menos que la OEA dirigió un Golpe de Estado diciendo que había habido fraude en las elecciones presidenciales del año pasado. El resultado de las recientes elecciones en ese país hermano, me eximen de mayores comentarios. Y después dicen que el Lawfare no existe.
Segunda certeza: en la Argentina el que decide es el Presidente. Puede gustarte o no lo que decida, pero el que decide es él. Que nadie te quiera convencer de lo contrario. Si alguien intentara hacerlo, preguntale que intereses lo o la mueven.
TERCERA CERTEZA
Cuando terminé mi gestión el 10 de diciembre de 2015 la Argentina estaba desendeudada, el FMI al que le debíamos desde el año 1957 era sólo un recuerdo de los mayores de 21 años, los pagos de la deuda reestrcturada en el 2005 y en el 2010 se llevaban a cabo con normalidad y sin recurrir a nuevo endeudamiento y el perfil de vencimientos para los años subsiguientes era más que sostenible. La desocupación era del 5,9%, los salarios y las jubilaciones -tomadas en dólares- eran las más altas de América Latina y la cobertura previsional había superado con creces el 90% de la población. La inflación, medida por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, no superaba el 25% anual.
Sin embargo, la restricción externa -léase: escasez de dólares o excesiva demanda de dicha moneda; según como se mire- que apareció luego de haber soportado 6 corridas cambiarias -la última durante el año 2011, en el que fui electa por segunda vez consecutiva Presidenta de la Nación- motivó la regulación cambiaria que los medios hegemónicos bautizaron “cepo”. Dicha regulación establecía un tope para la compra de dólares para ahorro que era de USD2.500 por mes. Si, tal como se lee: USD2.500 por mes. Si la analizamos con perspectiva, la restricción no sólo era razonable, sino que daba cuenta del nivel del poder adquisitivo de ciertos salarios de la época. Muchos compraban dólares y muchos compraban el tope mensual. ¿Quién podría hoy acceder a esos USD2.500 para ahorrar mes a mes? Casi nadie. Sin embargo, por haber establecido dicha restricción cambiaria, nuestro gobierno fue atacado día a día por los medios hegemónicos. Un ataque sistemático que hasta incluyó movilizaciones convocadas por la oposición política y fogoneadas por aquellos mismos medios.
Así las cosas, el 10 de diciembre de 2015 asumió Mauricio Macri como Presidente de la Nación. De allí en adelante, las políticas de la República Argentina giraron 180 grados y se inauguró una gestión de gobierno conducida por empresarios que receptó en sus políticas públicas todas y cada una de las demandas de los distintos factores de poder económico de la Argentina, incluído su alineamiento acrítico en materia de política exterior. Apenas asumió liberó la cuenta capital, eliminó la regulación cambiaria -levantó el “cepo”- y decidió la apertura indiscriminada de importaciones dando inicio al período de endeudamiento más vertiginoso del que se tenga memoria y que culminó con un inédito préstamo para los argentinos y para el mismísimo FMI de 44 mil millones de dólares, destinado a financiar la campaña electoral para la reelección de Mauricio Macri como presidente.
Macri terminó su gobierno con una deuda impagable, con el FMI instalado otra vez en nuestro país, con una desocupación rondando los dos dígitos, con salarios y jubilaciones por el piso, con tarifas dolarizadas e impagables y con una inflación muy superior al 50%. Sin embargo, a pesar de los miles de millones de dólares ingresados al país como deuda, Macri tuvo que reestablecer el denominado “cepo” cambiario pero con una restricción mucho mayor: sólo podían comprarse para ahorro USD200 por mes -menos del 10% de aquellos tan cuestionados USD2.500-. Después de cuatro años, el gobierno de los empresarios y de la derecha argentina, disparó al infinito el problema de la restricción externa, al endeudar a la Argentina como nunca nadie lo había hecho antes.
Hoy, luego del derrumbe macrista y en plena pandemia, y pese a no tener obligaciones de pago en moneda extranjera en lo inmediato gracias a la reestructuración de deuda llevada a cabo por el Gobierno, con superávit comercial y mayor nivel de reservas en el BCRA que cuando terminó mi gestión, continuamos con la restricción externa de esa moneda -o faltan dólares o hay demasiada demanda- a la que se suma una más que evidente extorsión devaluatoria.
Es que la Argentina es el único país con una economía bimonetaria: se utiliza el peso argentino que el país emite para las transacciones cotidianas y el dólar estadounidense que el país -obviamente- no emite, como moneda de ahorro y para determinadas transacciones como las que tienen lugar en el mercado inmobiliario. ¿Alguien puede pensar seriamente que la economía de un país pueda funcionar con normalidad de esa manera?
El problema de la economía bimonetaria no es ideológico. No es de izquierda ni de derecha. Ni siquiera del centro. Y no hay prueba más objetiva de esto que la alternancia de modelos políticos y económicos opuestos que se operó el 10 de diciembre de 2015. Todos los gobiernos nos hemos topado con él. Unos intentamos gestionarlo con responsabilidad, desendeudando al país en un marco de inclusión social y desarrollo industrial. Otros de orientación inversa -como el de Mauricio Macri- siempre han “chocado la calesita” con endeudamiento y fuga. Pero lo cierto es que ese funcionamiento bimonetario es un problema estructural de la economía argentina.
Tampoco es una cuestión de clase: los dólares los compran tanto trabajadores para ahorrar o para hacer una diferencia que mejore el salario, como empresarios para pagar las importaciones necesarias para hacer funcionar su empresa, para ahorrar y también, bueno es decirlo, para fugar formando activos financieros en el exterior, siendo esta última actitud una de las que más han contribuído a las crisis cíclicas de la Argentina.
Tampoco es producto de las experiencias hiperinflacionarias de la Argentina. Circula en redes un pequeño video de un reconocido humorista ya fallecido, sobre la pasión nacional por el dólar. El video data de 1962: Arturo Illia no había asumido como Presidente y Raúl Alfonsín estaría todavía de pantalones cortos en Chascomús. La coartada de la “hiper” para explicar el problema es también insuficiente. Basta recordar a Perón Presidente en la década del ’50 preguntando: “¿Alguien vió alguna vez un dólar?”
Tercera certeza: la Argentina es ese extraño lugar en donde mueren todas las teorías. Por eso, el problema de la economía bimonetaria que es, sin dudas, el más grave que tiene nuestro país, es de imposible solución sin un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales de la República Argentina. Nos guste o no nos guste, esa es la realidad y con ella se puede hacer cualquier cosa menos ignorarla.
En este 27 de octubre, quiero agradecer a todos cada uno de los argentinos y las argentinas, las muestras de reconocimiento, cariño y amor hacia quien fuera mi compañero de vida.
Y especialmente a Alberto, tanto por la decisión de repatriar la figura de bronce de Néstor que alguna vez emplazamos en la sede de la UNASUR en Quito, allí en la exacta mitad del mundo, como la de su nuevo emplazamiento en el hall del Centro Cultural Kirchner. Sinceramente, es una caricia al alma.
Néstor amaba ese lugar. Cuando lo recorrimos juntos el 24 de mayo del 2010 en el marco de los festejos del Bicentenario para inaugurar la primera parte de la obra que culminaría en el centro cultural más grande de Latinoamérica, me comentó que a ese lugar su padre -a quien adoraba- lo llevaba cada vez que venía a Buenos Aires. Es que el abuelo de mis hijos era empleado del Correo, llegando a ser su tesorero allá en Santa Cruz. Néstor me contó que le enseñaba con orgullo la grandiosidad del lugar, como si fuera suyo, una característica de los empleados del Correo Argentino… Orgullo de pertenecer. Mientras me contaba se le vidriaban los ojos, como cada vez que se acordaba de su padre. Sí, definitivamente es un buen lugar para él.
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Nacional
Santilli acordó con gobernadores del Norte la eliminación de la Zona Fría en la Provincia de Buenos Aires
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6 horas atráson
19 agosto, 2026
El Gobierno nacional alcanzó un acuerdo con los gobernadores del Norte Grande para avanzar en un nuevo esquema de subsidios destinado a las provincias de zonas cálidas y muy cálidas. La propuesta fue consensuada durante una reunión de la Mesa de Diálogo encabezada por el ministro de Economía, Luis Caputo, y el jefe de Gabinete, Diego Santilli. La contrapartida será eliminar el régimen de Zona Fría en la provincia de Buenos Aires.
El mileismo busca avanzar con una modificación del régimen de Zona Fría, beneficio que hoy alcanza a 94 municipios bonaerenses y que permite reducir el costo del gas para los usuarios radicados en los mismos.
La reunión contó con la participación de los gobernadores Raúl Jalil (Catamarca), Gustavo Sáenz (Salta), Leandro Zdero (Chaco) y Carlos Sadir (Jujuy), además de la secretaria de Energía, María Tettamanti; el secretario coordinador de Energía y Minería, Daniel González; y los equipos técnicos de las diez provincias del Norte Grande.
Subsidios para zonas cálidas
El acuerdo llegó menos de una semana después de que los gobernadores plantearan la necesidad de contemplar el mayor consumo eléctrico que afrontan las familias del Norte durante los meses de altas temperaturas.
Tras el encuentro, el ministro de Economía, Luis Caputo, destacó: “En el marco de la Mesa de Diálogo con los gobernadores del Norte, junto con Diego Santilli y la Secretaría de Energía, consensuamos una propuesta para redefinir los subsidios a la energía en las zonas cálidas y muy cálidas, un reclamo histórico de las provincias. Acordamos trabajar en conjunto para avanzar en su implementación lo antes posible”.
Por su parte, Santilli aseguró: “En menos de una semana escuchamos el reclamo de los gobernadores, nos sentamos a trabajar y encontramos una solución. Es un reclamo histórico del Norte y demostramos que, cuando hay diálogo y voluntad de encontrar soluciones, Nación y provincias pueden trabajar juntas y dar respuestas concretas a la gente”.
La iniciativa busca reconocer las particularidades climáticas del Norte argentino y el mayor consumo eléctrico que se registra durante el verano.
La otra cara: el futuro de la Zona Fría
Aunque el Gobierno nacional no lo explicitó durante el anuncio, el acuerdo aparece vinculado al objetivo oficial de reducir el alcance del régimen de Zona Fría, que subsidia el consumo de gas natural en municipios donde las bajas temperaturas incrementan la demanda energética.
En ese sentido, el Ejecutivo buscaría ahora el respaldo de los gobernadores del Norte para reunir los votos necesarios en el Senado y avanzar con esa reforma.
De concretarse la eliminación o reducción del beneficio, los usuarios de más de 90 municipios bonaerenses podrían enfrentar aumentos de entre el 70% y el 100% en sus facturas de gas, según distintas estimaciones.
El rol político de Santilli
La negociación también coloca en el centro de la escena a Diego Santilli, quien no solo ocupa la Jefatura de Gabinete del gobierno de Javier Milei sino que además aparece como uno de los dirigentes con proyección política en la provincia de Buenos Aires.
Mientras se multiplican las especulaciones sobre su futuro electoral y su presencia en territorio bonaerense, el Gobierno impulsa una iniciativa que podría afectar directamente a miles de hogares de la provincia que hoy cuentan con el beneficio de Zona Fría.
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Nacional
“Inversión cero, riesgo cero”: la CONADUV desnuda el “curro” de las nuevas rutas privatizadas
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12 horas atráson
19 agosto, 2026
El Gobierno nacional avanzó con un nuevo esquema de concesiones viales que transfiere a operadores privados corredores estratégicos de la provincia de Buenos Aires y todo el país. En diálogo con Todo Provincial STREAM, el coordinador del Comité Nacional de Defensa del Usuario Vial (CONADUV), Ricardo Lasca, aseguró que el nuevo esquema representa “un verdadero curro” porque, según afirmó, las concesionarias sólo asumirán tareas básicas de mantenimiento mientras los usuarios enfrentarán fuertes aumentos en el costo de circular.
“Las rutas están completamente destruidas. Nunca había pasado que un gobierno se desentienda completamente de la red vial y mienta diciendo que no hay plata, cuando todos los años se recaudan más de 3.500 millones de dólares por el Impuesto a los Combustibles Líquidos”, sostuvo.

Para Lasca, el problema no es la falta de recursos sino el destino que se les da. “Ese dinero se malversa desde hace mucho tiempo y ahora, en lugar de invertirlo en las rutas, el Gobierno decide trasladar la responsabilidad a los privados y también a las provincias”, cuestionó el coordinador del CONADUV.
En territorio bonaerense, el gobierno nacional otorgó por 20 años la concesión de las autopistas Riccheri, Ezeiza-Cañuelas y Newbery, además de las rutas 3, 205 y 226 al consorcio integrado por Concret Nor, Marcalba, Pose y Coarco. En paralelo, la empresa Ceosa se quedó con la concesión de la Ruta Nacional 5 en el tramo entre Luján y Santa Rosa.
“Quieren destruir Vialidad Nacional”
El dirigente apuntó además contra la política oficial respecto de la Dirección Nacional de Vialidad, organismo que calificó como “emblemático”.
“El Gobierno quiere destruir la Dirección Nacional de Vialidad. Como no pudo hacerlo por decreto, la vacía de presupuesto, le saca rutas y las transfiere a las provincias, cuyos gobernadores las aceptan sin financiamiento para después poner peajes por todos lados”, afirmó.
Según Lasca, se trata de una situación inédita. “Nunca pasó que el Estado nacional se sacara de encima sus propias rutas”, remarcó.

Más peajes y menos obras
Uno de los principales cuestionamientos de la CONADUV apunta al contenido de las nuevas concesiones.
“Es peor que el esquema de los ’90. Se agregan 59 estaciones de peaje nuevas con cobros cada 90 kilómetros”, advirtió.
Como ejemplo, señaló que un automovilista que viaje desde la Ciudad de Buenos Aires hasta Bahía Blanca por la Ruta Nacional 3 deberá atravesar ocho peajes. En tanto, mencionó que sobre la Ruta Nacional 11, entre Santa Fe y Chaco, habrá cinco cabinas en poco más de 500 kilómetros.
“No prevén ampliar la red, construir autovías ni autopistas. Solamente contemplan corte de pasto y bacheo. Es puro maquillaje”, aseguró.
Para el referente vial, el Gobierno presenta el esquema como una apuesta a la inversión privada cuando, en realidad, “las pocas obras que se hagan serán como siempre con financiamiento externo”.
“Esto es inversión cero, riesgo cero. Las empresas cobran el peaje pero prácticamente no arriesgan capital propio”, resumió.
“Dejaron destruir las rutas para después conformar con maquillaje”
Lasca también cuestionó el deterioro que presentan los corredores nacionales y aseguró que fue funcional al nuevo proceso de privatización.
“El problema es que estamos tan desesperados que aceptamos cualquier cosa. Con que pinten unos cartelitos, la gente va a decir que mejoró”, ironizó.
Y agregó: “Lo hicieron de manera premeditada. Dejaron venir abajo las rutas para después conformar a la sociedad con obras mínimas. Es un verdadero curro”.
“El peaje es un impuesto inconstitucional”
El coordinador de CONADUV insistió en que el sistema de peajes constituye una doble imposición para los usuarios.
“Es un plan federal de concesiones confiscatorio porque el peaje es un impuesto al tránsito inconstitucional. Ya pagamos el Impuesto a los Combustibles Líquidos justamente para financiar las rutas”, afirmó.
También criticó los aumentos registrados en distintos corredores concesionados. “En el puente Rosario-Victoria la tarifa se cuadruplicó en apenas seis meses. Ese puente fue construido con recursos públicos y ahora le cobran peaje durante 30 años”, ejemplificó.
Amparos judiciales y reclamo por representación de los usuarios
Desde la CONADUV sostienen que vienen cuestionando judicialmente el sistema de peajes desde hace años.
“Hemos presentado distintos amparos por la inconstitucionalidad de los peajes. En los servicios públicos existen entes reguladores donde participan los usuarios, pero los usuarios viales estamos a la buena de Dios”, señaló Lasca.
Por último, advirtió que el esquema tampoco resulta viable desde el punto de vista económico.
“En la mayoría de las rutas nacionales y provinciales el tránsito no alcanza para financiar obras importantes mediante peajes. Lo recaudado apenas alcanza para el mantenimiento básico. Por eso, además de ser inconstitucional, es un sistema inviable”, concluyó.
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Nacional
Katopodis en Diputados: “Vamos a pagar dos veces por las rutas”
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15 horas atráson
19 agosto, 2026By
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El ministro de Infraestructura y Servicios Públicos de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Katopodis, expuso ante el plenario de la Comisión de Obras Públicas de la Cámara de Diputados de la Nación y cuestionó la política del Gobierno nacional en materia de infraestructura vial, el estado de las rutas y el destino de los fondos recaudados mediante el impuesto a los combustibles.
Durante su presentación, Katopodis sostuvo que los usuarios están pagando un impuesto cada vez mayor por cada litro de nafta, mientras los recursos destinados al mantenimiento de las rutas no se ejecutan en el nivel previsto por la legislación.
“El Presidente Milei dijo que se iba a cortar los brazos si aumentaba un impuesto en la Argentina. Bueno, el impuesto a los combustibles en estos casi tres años ha aumentado más del 1200%”, afirmó.
El funcionario bonaerense agregó que existe “una caja registradora que funciona de manera muy eficaz, en cada rincón de la Argentina, las 24 horas del día, los 365 días del año”, y cuestionó el destino de los recursos recaudados.

Katopodis: “Nos están obligando a pagar dos veces”
Uno de los principales ejes de la exposición fue el impacto del esquema actual sobre el sistema vial nacional.
“La realidad es que hoy no solo las rutas están en mal estado, sino que además nos están obligando a todos a pagar dos veces la reparación de la red vial nacional”, afirmó Katopodis, quien apuntó contra el ministro de Economía, Luis Caputo, y reclamó explicaciones por las consecuencias de la política vial.
Según los datos presentados durante la jornada, el impuesto a los combustibles tiene una asignación específica. El 28,58% de lo recaudado se destina al Fideicomiso de Infraestructura de Transporte y, dentro de ese fondo, la mitad corresponde al Sistema Vial Integrado (SisVIAL).
Actualmente, de acuerdo con la exposición, se cobran $400 de impuesto por cada litro de nafta. Desde diciembre de 2023, se habrían recaudado $1,5 billones que, según Katopodis, no fueron destinados al mantenimiento de las rutas en los términos establecidos por la normativa.
El ministro sostuvo que ese monto equivale a $517.108 millones por año, una cifra que permitiría financiar más del 50% de los aproximadamente 40.000 kilómetros administrados por Vialidad Nacional.
El impuesto a los combustibles aumentó por encima de la inflación
Otro de los datos expuestos durante la presentación fue la evolución del impuesto desde el cambio de Gobierno.
Según las cifras difundidas por Katopodis, el impuesto a los combustibles aumentó un 1.265% en términos nominales, mientras que la inflación acumulada en el mismo período fue del 320%.
De acuerdo con el funcionario, en noviembre de 2023 el impuesto representaba el 8,9% del precio final de un litro de nafta súper, mientras que en julio de 2026 alcanzó el 19,2%.
Katopodis cuestionó además el impacto que tiene la falta de inversión sobre el estado de la red vial y sobre los costos que deben afrontar tanto el Estado como los usuarios que utilizan diariamente las rutas nacionales.
“La mayoría de los estados han tomado decisiones para contener el aumento del costo del combustible. ¿Qué hizo el gobierno de Milei? Dejó que subiera el precio. Son ineficientes. No es inteligente dejar las rutas abandonadas en un país como la Argentina”, sostuvo.
Fuerte caída del gasto en Vialidad Nacional
Durante su exposición, el ministro también presentó cifras sobre la evolución del gasto de la Dirección Nacional de Vialidad.
Según los datos difundidos, el gasto vial del actual Gobierno nacional es el más bajo desde 2002.
Entre enero de 2022 y noviembre de 2023, Vialidad Nacional ejecutaba en promedio $240.989 millones mensuales, mientras que desde diciembre de 2023 el promedio habría descendido a $63.666 millones, lo que representa una reducción del 73,6% en términos reales.
Katopodis también defendió el rol de la Dirección Nacional de Vialidad y cuestionó los intentos de modificar su estructura.
“Si hoy tenemos la Administración Nacional de Vialidad como una institución con casi 100 años de historia en nuestro país, fue fruto de los trabajadores y del Congreso Nacional que rechazó ese decreto y permitió que sea el organismo rector en la planificación de las rutas en todo el país”, afirmó.
El balance de la obra pública durante 2019-2023
Finalmente, Katopodis realizó un balance de su gestión al frente del entonces Ministerio de Obras Públicas de la Nación.
Según los datos presentados, entre 2019 y 2023 se finalizaron 4.434 obras públicas en las 23 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. De ese total, 1.151 correspondieron al eje de Conectividad e Infraestructura Vial.
El ministro sostuvo además que al finalizar 2023 había unas 2.300 obras finalizadas, mientras que en 2024 se iniciaron apenas 18 obras públicas financiadas por la Nación y en 2025 no se inició ninguna, lo que implicaría una caída del 98% respecto de 2023.
Para Katopodis, la situación actual combina mayor presión tributaria sobre los combustibles, menor inversión pública y deterioro de la red vial, un escenario que, según advirtió, terminará trasladando el costo de la recuperación de las rutas nuevamente a los argentinos.
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Leonardo
26 octubre, 2020 at 9:58 pm
GRACIAS NÉSTOR, GRACIAS CRISTINA, GRACIAS ALBERTO; SON LA PATRIA Y SON PATRIOTAS; ADMIRABLES SIEMPRE!!!