Brochero: El Curita que se transformó en santo

octubre 16, 2016 | Opinión

La historia escrita, contada y transmitida de generación en generación describe al cura (José Gabriel) Brochero como una persona apasionada, luchadora e incansable que siempre iba al frente con sus proyectos e ideales. Su legado, como el de los grandes hombres, fue y es modelo y fuente de inspiración de tantos que sintieron su pasión y hoy siguen entregando sus esfuerzos en zonas inhóspitas por amor y vocación de servicio.

En el año 1869 ya estaba a cargo del curato de San Alberto, de 4.336 kilómetros cuadrados, que conforma todo el Valle de Traslasierra. Imaginemos la época: lugares distantes, de pobreza extrema, sin caminos ni escuelas. Incomunicados con el resto de la provincia por las Sierras Grandes, de más de dos mil metros de altura.

“Abandonados de todos pero no por Dios”. Con esa frase, el cura Brochero solía referirse a los habitantes de San Alberto, esos mismos que encontraban en la figura del Cura Gaucho la única mano tendida y el único que nunca les daba la espalda.

Su identificación con los humildes no era un acto nominal: era una premisa de su práctica diaria que se actualizaba en cada camino que creó, en cada escuela que ayudó a levantar, en cada iglesia que inauguró, en cada obra que contribuyó a cambiar la fisonomía y el espíritu del lugar.

Pese a esta situación de total pobreza y abandono, Brochero no sólo quiso evangelizar la zona desde el primer momento, sino que también pensó y estudió cómo hacerla crecer.

En primera instancia comenzó a llevar a hombres y a mujeres a la ciudad Córdoba, para hacer los ejercicios espirituales e ir mostrándoles las “bondades” de los tiempos que se venían.

El viaje era desgastante y temerario. Recorrerían los 200 kilómetros que separan a la Capital en tres días, a lomo de mula, en caravanas que muchas veces superaban las 500 personas. Más de una vez fueron sorprendidos por fuertes tormentas de nieve.

En esos años, trabajó incansablemente para sacar a Traslasierra del aislamiento que mantenía respecto del resto de la provincia.

Su gestión puede observarse en ciertos documentos en poder del Archivo Histórico de la Provincia (AHP), donde se denota que el uso del agua para el cultivo y el trabajo era una de sus preocupaciones. Solicitudes de licencias para crear tomas de agua utilizando el curso de los ríos del Valle, y pedidos de ayuda económica para la construcción de canales de riego fueron algunas de las solicitudes que de puño y letra les acercó a los gobernadores de Córdoba en las últimas décadas del siglo XIX.

Es un hombre de carne y huesos: dice misa, confiesa, ayuda a bien morir, bautiza, consagra la unión matrimonial, etc. Y sin embargo es una excepción: practica el Evangelio. ¿Falta un carpintero? Es carpintero. ¿Falta un peón? Es un peón. Se arremanga la sotana en donde quiera, toma la pala o la azada y abre un camino público en 15 días, ayudado por sus feligreses. ¿Falta todo? ¡Pues él es todo! y lo hace todo con la sonrisa en los labios y la satisfacción en el alma, para mayor gloria de Dios y beneficio de los hombres, y todo sale bien hecho porque es hecho a conciencia. Y no ha hecho solamente caminos públicos: Ha hecho también una buena Iglesia. Ha hecho, además, un gran colegio… ¡y todo sin subsidio de la provincia, sin erogación por parte de los miembros de la localidad! ¡Lo ha hecho todo con sus propias garras! ¿Milagro? No. La cosa es muy sencilla. Es cuestión de honradez y voluntad. En otros términos: es cuestión de haber tomado el apostolado en serio, como lo ha tomado el cura Brochero.
*Pasaje de un artículo periodístico cordobés de 1887, recopilado por la Lic. Liliana De Denaro.

El proceso de canonización se inició en la década de 1960. Brochero fue declarado venerable por el papa Juan Pablo II en 2004, y beatificado en una ceremonia presidida por el cardenal Angelo Amato en la pequeña localidad cordobesa de Villa Cura Brochero el 14 de septiembre de 2013, durante el pontificado del papa Francisco. Fue canonizado el 16 de octubre de 2016, en una celebración presidida por el propio Francisco.

La Cabalgata Brocheriana

La intervención social que Brochero desplegó en forma simultánea con la espiritual fue de tal importancia que en 1916, apenas dos años después de su muerte, las autoridades políticas cambiaron el nombre del pueblo en el que vivía y que hasta entonces se llamaba Villa del Tránsito, rebautizándolo Villa Cura Brochero.

Desde el año 1997 un grupo de hombres, queriendo revivir los momentos vividos por el cura gaucho en su obra evangelizadora, cruzó las Sierras Grandes desde Villa Cura Brochero hasta la ciudad de Córdoba. Este hecho significó una toma de conciencia de las innumerables marcas y obras que José Gabriel Brochero había trazado en los pueblos serranos. A partir de entonces se continuó con la práctica de esa peregrinación, hoy llamada “Cabalgata Brocheriana”. Estimativamente participan más de 500 jinetes a caballo, acompañados por 200 a 250 caminantes.

 

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