La decisión de cerrar la planta de FATE encendió señales de alerta en el sector industrial y empresario bonaerense. Desde la Unión Industrial del Gran La Plata y la Confederación Económica de la Provincia de Buenos Aires advirtieron por el impacto sobre el empleo, la cadena de valor y la actividad económica regional.
La entidad industrial manifestó su preocupación por el cierre de una empresa de capital nacional con trayectoria histórica en el desarrollo productivo del país y consideró que no se trata de un hecho aislado sino de una señal de alerta para todo el entramado industrial.
Según plantearon, el cierre implica la pérdida de conocimiento, tecnología y capacidades productivas acumuladas durante décadas, además de consecuencias directas sobre trabajadores, proveedores, transportistas, pymes y el consumo de las comunidades donde la industria tenía influencia.
Impacto en el empleo y la competitividad
Desde la organización industrial remarcaron que el sector manufacturero atraviesa un escenario complejo, con caída del empleo y dificultades para competir frente a la sobrecapacidad global y prácticas de competencia desleal, principalmente desde Asia.
“La industria argentina no teme competir, pero exige igualdad de condiciones”, señalaron, y advirtieron que la apertura comercial sin una convergencia competitiva previa, con mejoras en impuestos, infraestructura y financiamiento, puede derivar en la destrucción de capacidades productivas.
También plantearon que el desafío estratégico es alcanzar precios y calidad de estándares internacionales, lo que requiere inversión empresarial, capacitación laboral y un entorno macroeconómico que permita producir en condiciones similares a otros países.
Advertencia del sector empresario
El presidente de la Confederación Económica de la Provincia de Buenos Aires, Guillermo Siro, sostuvo que el cierre de FATE es una señal de alerta de una «economía que no logra despegar y que debe preocupar a todo el sector productivo».
El dirigente remarcó que la situación no sólo implica la pérdida de más de 900 puestos laborales, sino también el cierre de un circuito logístico y productivo integrado por empresas proveedoras, muchas de ellas pymes, y la reducción de oportunidades para transportistas y comercios que dependen del consumo generado por esos salarios.
Además, recordó que en los últimos dos años cerraron cerca de 22 mil empresas —principalmente pymes— con una pérdida estimada de entre 290 mil y 330 mil empleos, lo que derivó en menor producción y en la migración de trabajadores hacia la informalidad.
Siro señaló que la caída de la actividad reduce la economía formal que paga impuestos y brinda previsibilidad laboral, y planteó la necesidad de avanzar hacia una reforma laboral moderna, pero también de recuperar niveles de actividad, consumo y ventas.
Las entidades coincidieron en la necesidad de impulsar una agenda conjunta entre sector público, empresarios y trabajadores para mejorar la competitividad y proteger el motor industrial regional y nacional.