Todo listo para el lanzamiento de ATENEA, el satélite con participación clave de la UNLP que viajará rumbo a la Luna
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La Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) tiene un rol central en el desarrollo de ATENEA, el microsatélite argentino que será lanzado en el marco de la misión Artemis II de la NASA, el vuelo tripulado que volverá a orbitar la Luna después de más de 50 años. El lanzamiento está previsto a partir del viernes 6 de febrero, con una ventana que podría extenderse hasta fines de abril de 2026, desde el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, Estados Unidos.
ATENEA formará parte de una misión histórica, ya que viajará junto a los cuatro astronautas que integran Artemis II, antes del acercamiento lunar.
Un CubeSat argentino para validar tecnología espacial
ATENEA es un CubeSat de clase 12U, con dimensiones aproximadas de 30 cm x 20 cm x 20 cm, diseñado para validar tecnologías críticas para futuras misiones espaciales. Entre sus principales objetivos se destacan la medición de radiación en órbitas altas, la recolección de datos GNSS para el diseño de misiones en órbita elevada y la validación de enlaces de comunicación de largo alcance, junto con la evaluación de componentes de uso espacial.
“Para nosotros es un orgullo que la Universidad Nacional de La Plata forme parte de este hito, que ATENEA pueda volar al espacio junto a los cuatro astronautas”, expresó Marcos Actis, decano de la Facultad de Ingeniería y director del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA).
El decano remarcó que “esta misión significará el retorno de tripulaciones que orbiten la Luna, como lo fue Apolo 8, compuesta por Frank Borman, Jim Lovell y William Anders, en diciembre de 1968”.
El rol de la Facultad de Ingeniería y el trabajo colaborativo
Actis destacó la participación de ingenieros y estudiantes del CTA, del Departamento de Ingeniería Aeroespacial, y del grupo Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones (SENyT), perteneciente al Departamento de Electrotecnia.
En el proyecto, el CTA estuvo a cargo de la ingeniería de sistemas del satélite, parte de la estructura, el control térmico y la fabricación de piezas, especialmente metálicas. Por su parte, el SENyT desarrolló tres subsistemas electrónicos clave: el subsistema de comunicaciones, la computadora de a bordo (OBC) y un receptor GNSS, abarcando el diseño, el software y la implementación del hardware.
Durante 2025, el equipo realizó tareas de armado e integración del microsatélite en salas limpias de la Facultad de Ingeniería, y luego trasladó el CubeSat al Centro Espacial Teófilo Tabanera (CETT), en Córdoba, donde trabajaron junto a VENG S.A.
Posteriormente, Joaquín Brohme y la estudiante Aldana Guilera, integrantes del CTA, viajaron a Estados Unidos junto a miembros de la CONAE, donde hicieron entrega del satélite, que fue conectado a la cápsula Orión.
Un proyecto nacional con proyección internacional
Además de la UNLP, participaron del desarrollo de ATENEA la CONAE, la UNSAM, la FIUBA, el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la CNEA y VENG S.A. El satélite forma parte del programa SARE (Sistema de Alta REvisita), orientado a la producción ágil y de bajo costo de satélites pequeños para observación terrestre y exploración espacial.
El equipo platense está integrado por Sonia Botta, Ramón López La Valle, Facundo Pasquevich, Frida Alfaro, Gaspar Ramírez, Erick Molina, Agustín Catellani, Julián Crosta, Elián Hanisch, Santiago Rodríguez, Gabriel Vega Leañez, Francisco Núñez y Julián Encinas.
El dirigente rural Hugo Biolcati, ex presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), falleció a los 82 años. Su figura quedó fuertemente asociada a uno de los momentos de mayor tensión política y social de la historia reciente argentina: el conflicto entre el sector agropecuario y el gobierno nacional en 2008.
Biolcati encabezó la SRA entre 2008 y 2012, período en el que tuvo un rol protagónico dentro de la denominada Mesa de Enlace, el espacio que nucleó a las principales entidades rurales durante la disputa por la política de retenciones móviles impulsada por el Ejecutivo.
Un dirigente central en la crisis de la Resolución 125
El conflicto estalló a partir de la implementación de la Resolución 125, una medida del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, con Martín Loustau como ministro de economía que establecía un esquema de retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias.
En ese contexto, Biolcati se consolidó como una de las voces más firmes del sector rural, participando activamente en negociaciones, protestas y actos que marcaron la agenda política durante meses. La confrontación incluyó cortes de rutas, movilizaciones masivas y un fuerte debate público que dividió a la sociedad.
La crisis alcanzó su punto culminante con el rechazo de la medida en el Senado, en una votación que definió el entonces vicepresidente Julio Cobos con su recordado “voto no positivo”.
Trayectoria y perfil
Proveniente de una familia vinculada históricamente al sector agropecuario, Biolcati desarrolló su actividad como productor y dirigente, ganando peso dentro de la SRA hasta alcanzar su presidencia en uno de los momentos más complejos para la entidad.
Durante su gestión, mantuvo una postura crítica hacia las políticas oficiales en materia agropecuaria y se posicionó como un referente del sector más tradicional del campo argentino.
Una figura atravesada por la grieta
Su liderazgo durante el conflicto con el gobierno nacional lo convirtió en un actor central de la escena política de aquellos años, pero también en una figura polémica. Para algunos, representó la defensa del campo frente a lo que consideraban medidas perjudiciales; para otros, fue uno de los exponentes de los sectores más concentrados de la economía.
Con su fallecimiento, se cierra un capítulo vinculado a uno de los episodios más intensos del vínculo entre el Estado y el sector agropecuario en la Argentina reciente.
Un trágico siniestro vial ocurrió este miércoles por la tarde en la Ruta Nacional N° 3, a la altura del kilómetro 210, en cercanías de la ciudad de Las Flores, y dejó como saldo cinco personas fallecidas y dos heridas de gravedad.
El hecho se registró alrededor de las 18:15, cuando un Toyota Etios que circulaba en sentido Buenos Aires–Azul colisionó de manera frontal contra una Volkswagen Suran que se dirigía en sentido contrario.
Como consecuencia del violentísimo impacto, ambos vehículos terminaron sobre la banquina de la mano ascendente, con severos daños estructurales.
En el Toyota Etios viajaban Federico Benítez, de 26 años, domiciliado en la Ciudad de Buenos Aires, quien conducía el vehículo y falleció en el acto, junto a una mujer que aún no fue identificada y que también perdió la vida en el lugar.
Por su parte, en la Volkswagen Suran se trasladaban cinco personas. El conductor, Jorge Sebastián Javier, de 27 años y domiciliado en Hurlingham, murió en el acto. Claudia Griselda Sepúlveda, de 34 años, oriunda de Gregorio de Laferrere, falleció posteriormente en el hospital.
Además, otra mujer que aún no fue identificada también perdió la vida como consecuencia del choque, lo que eleva a cinco el número total de víctimas fatales.
Las dos sobrevivientes de la Suran fueron trasladadas de urgencia al Hospital de Las Flores. Según informaron fuentes médicas, Ludmila Johana Benítez, de 21 años, permanece internada en terapia intensiva con estado reservado y múltiples fracturas, mientras que Ludmila Ayelén Chambas, de 25 años, se encuentra en sala con pronóstico reservado, presentando fracturas en el fémur y el codo.
La falta de mantenimiento de la Ruta Nacional N°3 resulta cada vez más evidente y la calzada presenta graves deformaciones y pozos en gran parte de su traza. Mientras tanto, la obra de conversión en autovía se encuentra practicamente paralizada a pesar de contar con financiamiento internaciona.
En el lugar trabajaron efectivos de la Policía Vial, Bomberos Voluntarios, personal de la Agencia Nacional de Seguridad Vial y equipos de emergencia, quienes realizaron tareas de rescate, asistencia a las víctimas y peritajes para determinar las causas del siniestro.
Este 2 de abril se cumplen 44 años del inicio de la Guerra de las Malvinas, una herida abierta en la historia argentina que atraviesa generaciones y sigue interpelando a toda la sociedad.
Aquel otoño de 1982 marcó para siempre la vida de miles de jóvenes que, con apenas 18 o 19 años, fueron enviados a combatir en condiciones extremas, en un territorio hostil y en medio de una guerra desigual. Muchos no volvieron. Otros regresaron con cicatrices invisibles que el tiempo no logró borrar. Todos ellos, sin excepción, forman parte de una memoria colectiva que se construye día a día.
Las Islas Malvinas no son solo un reclamo territorial: son también el símbolo del sacrificio, del coraje y del dolor de quienes defendieron la soberanía argentina. En cada acto, en cada bandera, en cada escuela donde se recuerda esta fecha, resuenan los nombres de los 649 caídos, convertidos en eternos guardianes de una causa que trasciende lo político y se vuelve profundamente humana.
Con el paso de los años, la mirada sobre Malvinas se ha transformado. Lo que antes fue silencio y olvido para muchos excombatientes, hoy es reconocimiento, homenaje y, sobre todo, escucha. Sus testimonios son piezas fundamentales para entender no solo lo que ocurrió en el campo de batalla, sino también las consecuencias que dejó la guerra en la vida cotidiana.
A 44 años, Malvinas sigue siendo una causa nacional inclaudicable. Pero también es una invitación a reflexionar sobre la paz, la soberanía y la memoria. Porque recordar no es solo mirar hacia atrás: es construir un presente más justo y un futuro con identidad.
Hoy, como cada 2 de abril, la Argentina se detiene para honrar a sus héroes. Y en ese acto de memoria, reafirma que las Malvinas fueron, son y serán argentinas.