Los principales caciques del territorio bonaerense “apoyaron las luchas por la Independencia”

julio 9, 2020 | Otras

En 1816, el 80 por ciento del territorio bonaerense perteneció a los Pueblos Originarios y siete de sus grandes caciques respaldaron la lucha criolla contra la corona española. La palabra del antropólogo Fernando Pepe.

El antropólogo del colectivo GUIAS (Grupo Universitario de Investigación en Antropología Social), Fernando Pepe, explicó que en 1816 la provincia de Buenos Aires “se mantenía en lucha constante con los caudillos que gobernaban Córdoba; el sur de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y la Banda oriental, que sería invadida en septiembre de 1816 por los portugueses; y al sur con las comunidades originarias que se oponían al avance que se cernía sobre sus territorios ancestrales”.

“En el norte de Santa Fe y los actuales territorios de Chaco, Formosa y en todo el este de Santiago del Estero las comunidades originarias Guaycurúes, Qom y Pilagá resistirán en libertad hasta la llamada ‘Campaña al desierto verde’ de 1883″, remarcó.

Pepe señaló que la frontera “natural” en el sur de la provincia de Buenos Aires era el río Salado y que el territorio al sur de ese límite estaba ocupado por numerosas comunidades.

Las comunidades originarias más relevantes eran los ranqueles, mapuches y tehuelches que convivían entre ellos de forma pacífica desde hacía, por lo menos, 13 mil años. “El 80 por ciento del territorio bonaerense pertenecía a esos pueblos originarios”, aseguró el antropólogo.

“La frontera no se extenderá mucho más hasta la década de 1820, y luego prácticamente no avanzó sobre tierra adentro, lo hará muy lentamente y solo tendrá un avance importante con el establecimiento de la zanja de Alsina entre 1876 y 1877, hasta que -finalmente- será eliminada con la campaña del general Roca de 1879, conocida con el eufemismo de la ‘Conquista del Desierto”, afirmó Pepe.

Y destacó: “Los principales caciques de estos extensos territorios eran Lincon, Currupilán, Quintelen, Victoriano, quienes en 1806 se ofrecieron para luchar contra las invasiones inglesas. Luego, por la defensa de la revolución contra la corona española lo hicieron los lonkos Epumer, Errepuento y Turuñamquu”.

“El cacique Carripilún, El más temible cacique de los pampas, señor Virrey y Rey de todas las pampas, firmó un acuerdo con Santiago de Liniers que perduró casi por 15 años; los caciques Quintelen y su sobrino Evinguanau, el hijo de Epumer, fueron recibidos por Chiclana en su carácter de presidente interino del Triunvirato apoyando la lucha independentista”, detalló.

Pepe sostuvo que “es importante considerar y entender la complejidad que implica hablar de los más de 200 años de independencia cuando nos referimos tanto al territorio bonaerense como al nacional, donde vemos cómo el Estado, luego de 1816, extendió sus fronteras, de manera paulatina, sobre los territorios habitados por los Pueblos Originarios”.

“Es decir que hace 200 años la República Argentina estaba configurada geopolíticamente de manera diferente. Y en el desarrollo de este proceso de conformación de los límites políticos y geográficos del país, el Estado nacional fue fijando sus fronteras de acuerdo a las relaciones que iba estableciendo con las diferentes comunidades de la región, con las que construían acuerdos y relaciones político- económicas”, apuntó.

El antropólogo consideró que “es importante reivindicar la activa y necesaria participación que hombres y mujeres de los Pueblos Originarios tuvieron en las luchas de independencia y en la conformación de la Argentina”.

El genocidio español y la postura de los Revolucionarios de Mayo

Por otra parte, Pepe recordó que antes de la Revolución de Mayo las comunidades resistían al genocidio español. “En particular en nuestros terrirtorios se dieron grandes guerras de resistencia. Las olvidadas guerras “calchaquíes” fueron sin duda muy importantes”, expresó.

Esta lucha por la libertad va desde el 1550, con la fundación de las primeras ciudades, hasta el genocidio final en 1664. El botín que los europeos ambicionaban era la numerosa población originaria que habitaba los valles y serranías del “Cuyo”, para ser esclavizada en las minas e ingenios.

“El dramático final, purga espantosa, premio injusto con que se castigó tan firme propósito de libertad culminó con la deportación de miles y miles de habitantes de los valles a los centros urbanos de la época.  Las comunidades resistieron en los “Pucaras”, pero lentamente y ante el avance incontenible de los ejércitos realistas sucumbieron luchando o fueron llevados hasta las minas de plata del cerro “Potosí”, de donde jamás saldrían con vida”, explicó el antropólogo.

La más conocida es la deportación de los “Quilmes”, quienes fueron obligados a caminar desde “Tucumán” hasta Buenos Aires, muriendo más de la mitad en este largo calvario.

Los caciques como José “Calchaquí”, Juan “Chalimin”, Pedro “Chumay”, quienes entre muchos otros encabezaron la resistencia al invasor, terminaron descuartizados y sus restos fueron expuestos en los distintos pueblos para ejemplo y escarmiento.

Igual suerte correría quien encabezó el último gran alzamiento de las comunidades originarias del Alto “Perú”, el último “Inca” José Gabriel Condorcanqui Noguera, conocido con el nombre “quechua” de “Túpac Amaru” (serpiente resplandeciente). La rebelión encabezada por él fue el movimiento social más importante de la historia colonial del continente y el imperio corrió serios riesgos de desaparecer.

Esa fue la causa del atroz castigo impuesto el 18 de mayo de 1781 en la plaza del “Cuzco”, a “Túpac Amaru”, a Micaela Bastidas, su mujer, y a su hijo, tío, cuñado y cuatro de sus caciques principales. Todos fueron torturados hasta la muerte, delante del último “Inca”, quien fuera luego descuartizado en vida.

Los cuerpos de los nueve fueron distribuidos, por partes, en las 12 ciudades principales de la región. Los ecos de esta feroz represión llegan a la “Puna” Argentina, donde se marca a fuego con una R de rebelde a “Tobas”, “Wichis”, etc., y se cuelga a niños y adultos de los árboles de los caminos para que sirva de terror y castigo.

La rebelión continúo por años en mano de varios de sus familiares como “Túpac Catari”, etc., hasta que fueron apresados, torturados y quemados los principales líderes en 1783 y 1784. Los 100 mil muertos, víctimas de la represión, dejarán descendientes que transmitirán oralmente la historia que los asesinos querían borrar para siempre.

“Los revolucionarios de mayo estaban muy influenciados por esta lucha, de hecho Bernardo Monteagudo escribió su tesis sobre Tupac. Tanto él como Mariano Moreno y Juan José Castelli estudiaron en la Universidad de Chuquisaca lo cual también influyó mucho”, destacó Fernando Pepe. 

“La revolución del 25 Mayo de 1810 llevó a cabo acciones pacíficas, diplomáticas y comerciales con los Pueblos Originarios de la Argentina e implementó medidas claramente revolucionarias que no tardarían en beneficiar a las comunidades”, destacó.

Y detalló: “Mariano Moreno el secretario de Guerra y Gobierno de la Revolución de Mayo, encomendó a sus mejores hombres llevarlas a cabo: Manuel Belgrano enviado a liberar “el Paraguay”, bautizó sus cañones con los nombres de “Marangoré” y “Túpac Amaru” en honor a los héroes originarios que defendieron la libertad en nuestro territorio, e implementó las medidas revolucionarias en las tierras de las misiones jesuíticas”.

Castelli al mando del ejército del Norte con órdenes de liberar al alto “Perú”, declaró en diciembre de 1810, en las provincias recién liberadas del yugo español por las tropas a su mando, la emancipación y la anulación total del tributo impuesto a los Pueblos Originarios, equiparó a los nativos con los criollos y los declaró aptos para ocupar todos los cargos del Estado.

Además tradujo al “Quechua” y al “Aymará” los principales decretos de la junta; implementó el reparto gratuito de tierras para las comunidades; abrió escuelas bilingües: “quechua”- español, “aymará”- español.

“El 25 de mayo de 1811 en las ruinas sagradas de “Tiahuanaco” en Bolivia, para celebrar el primer aniversario de la revolución reunió a las comunidades originarias y luego de rendir homenaje a la memoria de los “Incas” que lucharon contra la opresión española, las invitó a vengar su muerte luchando junto al ejército que dirigía”, comentó.

“Belgrano y San Martín adhieren a la idea de coronar a un nuevo inka, en ese contexto no era mala idea. Si bien nosotros no realizamos análisis contrafácticos, uno quisiera soñar que se hubiera logrado consolidar un territorio que finalmente se desmembró en varios países debilitando así el sueño Bolivariano”, reflexionó el antropólogo.

Y concluyó: “Desde el minuto uno, pero el proyecto revolucionario va perdiendo fuerza progresivamente hasta llegar al genocidio roquista de 1879. El principal logro es haber resistido más de 500 años sin rendirse y la mayor deuda del Estado es reconocer el genocidio roquista y reparar económicamente y territorialmente a las comunidades que aún lo padecen, más después de los últimos cuatro años donde literalmente quedo en las comunidades tierra arrizada”.

 

Posicionamiento web by Seotronix.com.

Compartí esta Nota:

Artículos relacionados

0 Comments

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *