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Becas, comida y un celular a cambio del silencio: el terrible relato de la madre de la alumna acosada por el cura de un colegio católico

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A partir de mensajes de Whatsapp, semanas atrás se conoció que una adolescente de 14 años fue acosada y manoseada por el sacerdote docente de catequesis de la Escuela Santa María de Cañuela. Ahora, Patricia Martínez, madre la alumna, relató los detalles de lo sucedido y contó que la escuela intentó encubrir al cura con presiones y sobornos.

Patricia Martínez dialogó al portal local www.infocanuelas.com.  A continuación se reproducen los fragmentos más significativos de la entrevista.

“A mediados de abril mi hija comenzó con una angustia, una tristeza… Se lo adjudicamos a que yo tenía un problema de salud. Fuimos a distintos médicos, había posibilidades de que yo tuviera una metástasis en el colon. Ella estaba al tanto, lloraba, me decía que tenía miedo de que me pasara algo, porque no tenemos familia, somos los cuatro solos (Patricia y su esposo tienen mellizos)”.

“Su situación de angustia se fue agudizando. Un día viene de la Escuela a decirme que Mario Mansilla y la preceptora Paula Acosta le habían sugerido hablar con el padre Carlos. Ella me dice que les pidió que por favor que no; que no se sentía con ganas de hablar con él. Yo le expresé que si le pasaba algo por ahí era bueno que charlara con el sacerdote; que por ahí él encontraba las palabras que yo no tenía”.

“Fue a hablar con el padre Carlos porque yo le dije. Y ahí empezó la pesadilla. Salía llorando del colegio. Llegamos así hasta fines de junio o principios de julio. Noté que estaba cada vez peor. Pero no me quería contar lo que le pasaba. Yo siempre lo adjudicaba a mi situación de salud”.

“El 31 de julio fui a la Escuela. Mario Mansilla me dice que la nena no estaba bien; que se había auto flagelado. Me dijo que tenía unos cortes en el brazo y que no se los había hecho en la escuela. Me asusté, la retiré del colegio. El colegio me sugiere un tratamiento psicológico con la profesional Paula Cabrera, que trabaja en el CIC. La llevo a esta profesional. Transcurridos algunas sesiones mi hija sale llorando. Me dice que la profesional le había dicho que si no hablaba, no tenía sentido que siguiera yendo. Eso le cayó re mal”. 

“La seguí llevando a la escuela, pero entraba y salía llorando. Dentro de mi ignorancia hablaba con ella por WhatsApp, ella en la habitación y yo en la cocina, tratando de buscar maneras de que me contara qué le sucedía. Hasta que el 15 de agosto se me acerca, me pide que le diga la verdad, que tenía miedo que yo tuviera cáncer. Le dije que no. Y entonces me dice que quería hablar”.

“Se larga a llorar y me dice que en varias oportunidades había estado a solas con el padre, que sentía que la seguía todo el tiempo, le agarraba del brazo en el recreo, le hablaba en el oído, le decía ´después te voy a buscar´, la retiraba de las clases. Eso era todo el tiempo. Le decía que era especial para él, que tenía una mirada distinta, que yo estaba enferma y no la quería, que la familia no la aceptaba, que no la escuchábamos, que necesitaba una persona como él y que quería que se fuera a vivir con él. Ella lloraba y me preguntaba si eso era normal”.

“Después me sigue contando… Que un día la llevó a su oficina. Que empezó a decirle que todo iba a estar bien, que quería tener una relación más que de amistad con ella, porque ella era muy especial. Ella atinó a decirle ´muchas gracias, pero me quiero ir´. Se levanta y él la abraza (por recomendación de su abogada omite los detalles del tocamiento). Ella lo empuja y él con el pie le traba la puerta de la oficina. Se la vuelve a llevar a su cuerpo de él… (vuelve a omitir detalles) Ella sale y cuando está saliendo le dice ´te calmás, así no vas a salir, no grites ni digas nada, porque la que va a perder sos vos.´ Es lo último que escuchó porque fue al baño y se lavó la cara.”

“Tocamientos hubo una sola vez. El acoso fue permanente desde abril. Hasta llegó a preguntarle qué cosas le gustaban; que se las iba a comprar. Mi hija les pedía a la preceptora, a las profesoras y a Mansilla que no le permitieran ir a solas con él, pero nunca la respetaron. Siempre decían que le iba a hacer bien”.

“Al día siguiente (16 de agosto) me presento en el colegio a las 10 de la mañana . Hablé con Paula, la preceptora. Le pregunté si consideraba que mi hija era una nena que fabulaba. Me dijo que no, que era centrada, estudiosa, una de las mejores alumnas, que por eso el Colegio estaba preocupado. Entonces le conté. Cambió por completo su actitud. Me dijo que ponía las manos en el fuego por el sacerdote. Que sabía que había tenido una situación en la comunidad boliviana, un antecedente, y que habían sido mentiras”.

“Le transmití el mismo relato a Mario Mansilla. Me dijo que era grave, pero que tenía que confiar en el colegio. Que mi hija había malinterpretado los abrazos. ´Tenemos que mantener silencio y hermetismo. Tenemos que ser totalmente herméticos para manejarlo bien. Me voy a comunicar con el obispo de inmediato´. Yo pensaba entre mí si íbamos a declarar en la comisaría. Le pregunté cuáles eran los pasos, en qué momento íbamos a hacer la denuncia”.

“Mansilla vio que yo estaba cada vez más nerviosa. Me dijo ´Vamos a hacer una cosa´. Yo tenía una deuda con mi hija, debía las cuotas, pagué sólo la matrícula. Estábamos en agosto. Me dijo: ´Vamos a ordenar los tantos. La vamos a becar. Usted había solicitado una beca, le dijimos que no, pero ahora le digo que sí.´ Después de eso nos mandaron bolsas de alimentos y cajas de galletitas. Le dieron a mi hija un celular para ´mantenernos comunicados´ según dijeron. Teníamos que manejarnos con ese celular. Quisieron armar un sistema de silencio. Todo eso me lo daban a cambio de confiar en el colegio. Le dije que mi hija no iba a volver más al colegio, que no me iban a callar”.

“En otra oportunidad adulteraron un acta. Cambiaron lo que dije. Pusieron que yo estaba conforme con el colegio, que Mansilla me había escuchado y que era Dios. Eran dos hojas A4, yo firmé sólo la segunda, entonces corrigieron la primera, que yo no había firmado, ahí cambiaron todo lo que había declarado”.

“El mismo día 16 fui al Obispado. No me quisieron recibir porque supuestamente las autoridades no estaban. Le dije al señor de la puerta que me iba a la comisaría. Ahí fue a preguntar y me atendió una señora Victorina, presidenta de la Jurec, que al final estaba. Le conté todo. Me dijo que había un protocolo, que se iban a ocupar, que me iban a avisar cuándo me podía atender el obispo. Que si hacía la denuncia iba a perjudicar a la nena. Y yo, ingenua, creí”.

“Esperé y esperé. Mientras el colegio me enviaba mercadería, el 23 de agosto me mandan un mensaje a las 10 de la noche que al otro día me presentara en el obispado, que me iba a escuchar. Era un viernes. El obispo me dijo que había tenido mala suerte con Cañuelas, que había tenido un problemita con otro sacerdote con el que se había equivocado. Que mandó a este sacerdote porque tenía experiencia con chicos en comunidades educativas. Que confiaba mucho en él. Que el cura le reconoció que la había abrazado pero que la estaba conteniendo. ´Quiero que me entienda. Yo no tengo la verdad. Yo estoy entre su hija y el sacerdote. Lo único que puedo decirle es que vamos a trabajar. Que no la exponga. Yo tampoco la voy a exponer a él. Vamos a manejarnos adultamente. Ella es muy chica. Va a sufrir. Si hacemos denuncia… la policía… declaraciones… a lo mejor trasciende… y la tele… Le dije que era muy fácil. Que había que hacer ya la denuncia. Pero el obispo, al igual que Mansilla, me ofreció todo a cambio de silencio.”

“En el Obispado noté las mismas respuestas del colegio. Que me quedara tranquila, que las inasistencias no se iban a tomar. Que la nena se tomara los días que necesitara para tranquilizarse y que después íbamos a ver cómo nos manejábamos. Esperé una semana, comencé a recorrer colegios. La llevé al médico. Dejé de llevarla al Santa María y me empecé a dedicar a ella. Recorrí muchos lugares donde no la tomaron porque no había vacante o porque no me daba el presupuesto para pagar. Hasta que llegué a un lugar donde me escucharon. En la institución donde está ahora se dieron cuenta de que algo pasaba, porque se saben manejar muy bien. Les conté todo lo que nos había pasado. Les dije que si me garantizaban una vacante para ubicar a la nena, ese mismo día me iba a hacer la denuncia en la comisaría. Me asesoraron, me dieron contención y el pase fue inmediato. Absolutamente todo lo que tendría que haber hecho el Santa María lo hizo esa institución. Y cuando tuve el pase, el 8 de septiembre hice la denuncia. Esto lo quiero destacar porque se dijo que yo había sido cómplice del pacto de silencio del Santa María”.

“Mi nena es una nena muy introvertida y respetuosa. Yo pienso que el cura se abusó de la vulnerabilidad de mi hija. Mi hija estaba totalmente vulnerable, por miedo a que yo tuviera cáncer, por miedo a perderme. Y así como en abril comenzó con esa angustia, a partir del 7, que ingresó a la nueva institución, cambió su semblante, empezó a comunicarse con nosotros. Está en la etapa de integración, pero está feliz”. 

“Siento decepción de la escuela porque le mintieron a la comunidad, a los padres, a los docentes. No le creyeron a mi hija. Hasta dijeron que el obispo me había conseguido una vacante en el nuevo colegio y es mentira, jamás se comunicó. Dijeron cosas horribles”.

“Sólo creemos en Dios. Nunca más les voy a aconsejar a mis hijos que se vayan a confesar, que vayan a la Iglesia o que colaboren como colaborábamos nosotros. Ya no creo en nada. Ni en obispos ni en curas. Y a los padres les quiero transmitir que crean en sus hijos. Hay que estar muy atentos.»

 

 

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Almirante Brown: funcionario municipal fue asesinado por un paciente psiquiátrico

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santiago paonelli

Se trata de Santiago Paolinelli de 30 años quien se desempeñaba como subsecretario de Producción del municipio de Almirante Brown. Fue asesinado por un conocido que es paciente psiquiátrico, quien lo apuñaló en el abdomen.

El trágico episodio ocurrió este lunes alrededor de las 15 horas en la vivienda de ubicada en la calle Islas Malvinas entre Monteverde e Italia, localidad de Burzaco.

Un sargento de la Comisaría Quinta de Brown escuchó a metros de la Delegación de Servicios Sociales una discusión y luego vio a una persona salir corriendo por la calle Malvinas. Inmediatamente lo vio desplomarse, se levantó y volvió a caer sobre la vereda al llegar a la esquina de Monteverde.

En simultáneo, otro hombre corrió en sentido contrario hacia la calle Italia, por lo que el efectivo decidió perseguirlo. Al alcanzarlo, lo redujo y logró aprehenderlo.

El atacante fue identificado como Vicente Ramón Benítez Rojas, de 38 años, quien portaba un cuchillo tipo Tramontina y carecía de impedimentos legales.

En el interior de su domicilio, la policía encontró manchas de sangre. Leonardo César Herrera, concejal de Almirante Brown, reconoció a la víctima y al aprehendido.

Herrera señaló que ambos se conocían y que Benítez Rojas era paciente esquizofrénico. El atacante había estado internado durante dos años en el Hospital Neuropsiquiátrico “Dr. Alejandro Korn”, de Melchor Romero, La Plata.

Según trascendió, Benítez Rojas habría acudido a la vivienda de Paolinelli para pedirle algo que el funcionario municipal se negó a darle, lo que derivó en la violenta reacción que culminó en el trágico episodio.

La causa quedó a cargo de la UFI N° 3 de Juan Manuel Baloira quien caratuló la causa como “homicidio simple” y descartó que se haya tratado de un intento de robo.

A última hora de la noche de este lunes, se expresó sobre lo sucedido el intendente de Almirante Brown, Mariano Cascallares. “Con gran dolor despedimos a Santiago Paolinelli, amigo y compañero integrante del equipo de @MunicipioBrown que deja una profunda marca en todos nosotros. Estamos acompañando en este difícil momento a sus seres queridos”.

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No contestaba los mensajes y su mamá lo encontró agonizando: brutal crimen de un estudiante de la UNLP en Quilmes

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Carlos Sanchez Quilmes

Carlos Enrique Sanchez Paredes de 22 años fue asesinado este viernes por la mañana en Bernal Oeste, Quilmes, cuando iba camino a la parada del colectivo rumbo a la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata. Lo encontró su mamá.

Carlos Paredes salió de su casa ubicada en Falucho al 900 a las 6 de la mañana. Por precaución, cada vez que llegaba a la parada de colectivo en la avenida Dardo Rocha, llamaba a su mamá para indicarle que había llegado bien.

Sin embargo, esta vez el joven no se comunicó y a los pocos minutos su mamá empezó a llamarlo por teléfono. Como Carlos no contestaba, decidió ir hacia la parada del colectivo, pero cuando llegó a la calle Misiones entre Falucho e Ituzaingó, encontró a su hijo tirado boca abajo con una grave lesión en la cabeza.

Desesperada y con la ayuda de un vecino, lo llevaron al Hospital de Wilde pero los médicos confirmaron que ya había fallecido.

Una de las hipótesis del ataque y muerte de Carlos Sanchez es que ni bien salió caminando por Falucho y dobló en Misiones, fue abordado por una o dos personas que utilizando un fierro lo golpearon para robarle el celular y la mochila.

La Unidad Funcional N°4 del Departamento Judicial Quilmes labró actuaciones por «averiguación de causales de muerte». Hasta el momento, no hay detenidos.

Fuente: hechoenquilmes.com

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“Un verdadero tipazo”: el peronismo lamenta la muerte de Daniel Barrera en un accidente en Ruta 58

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Daniel Barrera

El histórico dirigente peronista de La Matanza Daniel Horacio Barrera, quien hasta diciembre ocupó la vicepresidencia del Banco Provincia, falleció en un accidente en la Ruta 58, a la altura de Canning, partido de San Vicente. Actualmente era concejal en el distrito conducido por Fernando Espinoza.

Barrera además supo ocupar diversos cargos en la administración del Municipio, en la Legislatura bonaerense y hasta diciembre pasado fue integrante del directorio del Banco Provincia.

La víctima viajaba a bordo de su auto Toyota Yaris por la Ruta 58. A la altura del kilómetro 21 en la localidad de Canning, partido de San Vicente, chocó contra una camioneta Mercedes Benz, lo que provocó el deceso prácticamente en el acto.

Barrera tenía 68 años y una extensa trayectoria política, que inició como delegado de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) y luego ingresó a la política municipal de La Matanza, donde comenzó como consejero escolar.

Después le siguieron cargos en el Departamento Ejecutivo como director de Asuntos Comunitarios, después como responsable de Empleo y su primera experiencia como concejal en 2003, banca que dejó para ser secretario de Gobierno entre 2005 y 2011, con la llegada de Fernando Espinoza al poder local.

En 2011 fue elegido senador provincial por la tercera sección electoral, banca que renovó en 2015. Volvió a La Matanza como concejal en 2019, luego se sumó a la Jefatura de Gabinete comunal y en 2021 se incorporó al Directorio del Banco Provincia de Buenos Aires. A finales de 2023 volvió a ocupar una banca del Concejo Deliberante.

«Un verdadero tipazo, gran compañero de trabajo y un militante todo terreno, que representó al pueblo de la provincia de Buenos Aires y de La Matanza en particular, con gran lealtad y sentido de pertenencia. Lo vamos a extrañar», expresó el presidente del Banco Provincia, Juan Cuattromo.

«Con un profundo dolor en el corazón, hoy despedimos a nuestro entrañable amigo y compañero de tantas luchas, Daniel Barrera.Daniel fue Concejal, Senador Provincial y Vicepresidente del Banco Provincia, pero sobre todo una excelente persona, un compañero leal y un gran padre», expresó el intendente Fernando Espinoza.

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